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Rafael Mies

Schumpeter en el siglo XXI

Rafael Mies Ph.D. Académico ESE Business School y profesor visitante U, San Diego, California

Por: Rafael Mies | Publicado: Martes 27 de noviembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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De una manera u otra la mayoría de los seres humanos, pero particularmente aquellos que deben ejercer liderazgo, están llamados a transformar esta sociedad en algo mejor. No es fácil esta tarea. Frente a ese enorme desafío, no puedo si no pensar en tantas declaraciones y equívocos discursos políticos que esconden una creencia en fórmulas mágicas, capaces de explicar el comportamiento humano desde una función lógica y racionalista, olvidando la dimensión personal, libre y única de cada individuo

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Desde el punto de vista del liderazgo político, este es un craso error y creo que es vital para las nuevas autoridades, ya sea que estén en el gobierno o la oposición, reconocer que los paradigmas de causa y efecto son muy limitados para predecir conductas humanas, principalmente en momentos de crisis. Pretender anticipar el comportamiento social basándose en una ideología no tiene efectos reales en las personas, particularmente cuando se trata de temas de política económica. Como decía Friedman: “muchas veces la teoría económica falla, porque no toma en cuenta la impredictibilidad de la conducta de las personas y las empresas”.

Creo muy positivo en este marco rescatar a Joseph Schumpeter. El gran economista del siglo pasado que, en contraposición al racionalismo y dogmatismo económico clásico, propuso la teoría del “desequilibrio dinámico”. Schumpeter afirma la incapacidad del instrumental analítico de tipo estático para entender el gran proceso histórico de la evolución económica y social.

Este autor no niega la contribución de la teoría ni de las llamadas leyes económicas, sino que critica los reduccionismos de quienes pretenden poner todo el comportamiento social bajo una ecuación matemática. Lo destacable de su postura es que, para él, un hecho no es nunca pura o exclusivamente económico, sino que debe considerarse, además, la acción humana como una variable impredecible y definitoria en el fenómeno social.

La explicación de un hecho basado en una teoría es fruto de una abstracción impuesta por nuestra propia manera de comprender la realidad en forma conceptual, pero debe ser complementada con otros aspectos no económicos que son igualmente fundamentales.

Esta concepción de un desequilibrio permanente, fruto de las singularidades del individuo, va muy en la línea con el emprendimiento personal, innovador y alejado de paradigmas, cuya acción singular es el verdadero motor del desarrollo económico y político.

En este sentido, el nuevo gobierno de Chile, precisamente por ser nuevo, tiene una verdadera oportunidad de alejarse de un pensamiento cada vez más ideologizado que nos domina, y promover iniciativas empresariales y sociales con más sentido común que determinadas teorías que las respalden.

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