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Rafael Mies

Sustos razonables

Por: Rafael Mies | Publicado: Jueves 5 de junio de 2014 a las 05:00 hrs.
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Con más frecuencia de lo deseado, la palabra susto está apareciendo en muchas conversaciones entre empresarios grandes, chicos, PYME o simples profesionales que ejercen su trabajo en forma independiente.

Este susto está principalmente relacionado al efecto del sinnúmero de reformas que el Ejecutivo quiere llevar adelante y cuya implementación no está para nada clara. Susto a una “aplanadora” que por querer emparejar la cancha, termine destruyéndola. Este susto o miedo no es algo que solo está presente en un sector político o un grupo socioeconómico determinado. Es más bien transversal, no político sino práctico.

Muchos padres, contentos con la educación de sus hijos, se preguntan qué va a pasar con ellos, con sus hijos, una vez que la reforma educacional se implemente. Muchos empresarios jóvenes, bastantes desafectados con los temas políticos, se preocupan si sus emprendimientos se verán afectados ante la reforma tributaria. O ¿cómo lo harán ahora para llevar la contabilidad, o si les saldrá más caro?
El susto es la forma natural de reaccionar frente a lo desconocido. Ante la incertidumbre, las personas, al igual que los animales, instintivamente o se paralizan, o huyen, o lo enfrentan con las herramientas que tienen más al alcance. Ahora bien, para el caso particular de los humanos, el susto es un muy mal consejero y lleva a muchas decisiones, que en situaciones de certeza jamás se habrían tomado.

Tres comentarios de distintas personas me han convencido de que es imprescindible entregarle racionalidad y tranquilidad a las distintas propuestas de cambio.

El primero: “Es el momento de empezar a mover el capital fuera de Chile”. Este comentario, sin duda desproporcionado, podría parecer una broma hace solo meses y hoy se presenta como una seria amenaza. Si los chilenos pierden la confianza en su propio país, las consecuencias son nefastas.

Un segundo comentario: “Corremos el riesgo de que muchos se tienten a volverse informales”. En efecto, en este sentido la teoría económica es clara. Llega un punto en que los costos de mantenerse dentro de las reglas del juego versus los beneficios económicos de la informalidad hacen que para muchos sea realmente atractivo salirse de las reglas.

El tercer y último comentario: “Prefiero esperar a ver qué pasa antes de ponerme a invertir”. El problema con esta manera de pensar es que si muchos piensan y hacen lo mismo estaremos frente a una profecía autocumplida. La economía se mueve en círculos -virtuosos o viciosos- que se retroalimentan acelerando el fenómeno económico. Si todos esperan, la máquina productiva se detiene y si la máquina se tranca, el consumo también y menos se animan a invertir.

El susto tiene una cura, la más importante: entregar certezas a la gente, información, explicación y sobre todo tranquilidad. Pero para ello es fundamental un paso anterior, aceptar que el miedo que hoy existe es razonable y que por ello, tratar de descalificarlo es similar a matar al mensajero, para no hacerse cargo de la mala noticia.

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