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Columnistas

20/04/2017

Trump y Pence, “grandes aliados”

Rafael Mies Ph.D. Profesor titular Cátedra de Capital Humano Coca Cola Andina ESE-Universidad de Los Andes

  • Por Rafael Mies
    Rafael Mies

    Rafael Mies

    Es difícil pensar en dos personas más distintas que el vicepresidente Mike Pence y Donald Trump. Mientras el primero destaca por su sobriedad, su espiritualidad y un extraordinario don de gente, a Trump se le critica por exactamente carecer de esas cualidades.

    Lo cierto es que más allá de las evidentes diferencias de caracteres y estilos, Pence resulta una pieza fundamental en el liderazgo que está ejerciendo Trump y, en cierta manera, asegura su posibilidad dar sostenibilidad a su actual liderazgo.

    ¿Habilidad política o suerte?, la verdad es que la decisión de Trump de poner a Pence como vicepresidente cumple con tres principios esenciales para ejercer un liderazgo eficaz.

    En primer lugar, todo líder debe tener la capacidad de distinguir entre “aliado” y “amigo”. El equipo profesional que soporta al líder está conformado primariamente por “aliados”, es decir personas que comparten una misma visión y compromiso con los objetivos, más allá de las simpatías o afectos personales con sus pares, superiores o subordinados. De lo poco que hemos visto en la relación Trump-Pence es que entre ellos no han aparecido grandes y efusivas muestras de amistad o gestos que manifiesten una relación más allá del propósito que los une. Por el contrario, se ve un trato muy profesional, más que de “amigos”, de “socios” en un proyecto de cambio común. Este hecho, contrario a lo que podría parecer, genera confianza y tranquilidad en la ciudadanía y de paso disipa dudas de la capacidad de liderazgo de Trump.

    Un segundo principio subraya la idea de contar con “complementos” y no “sustitutos” a las habilidades del líder. Claramente Pence ofrece a Trump mucho de lo que él carece y por lo mismo esa dupla se potencia. Muchos líderes, por el contrario, tienen el incentivo de ir armando equipos parecidos a ellos. Esta tentación puede resultar en un obstáculo, pues lejos de crear una comunidad, potencia las rivalidades y la competencia por quién se parece más al líder.

    Un tercer principio, que hasta ahora ha funcionado muy bien en la relación Trump-Pence, tiene que ver con la capacidad de lavar la ropa sucia en casa y el respeto que en público manifiestan.

    Trump ha cuidado a Pence y Pence ha cuidado de Trump. Son varios los episodios difíciles desde el punto de vista comunicacional que han pasado: la salida del secretario de defensa, el affaire con el embajador Ruso, etc. En todos los casos los medios de comunicación han tratado de descubrir alguna fisura en la relación entre ambos y hasta ahora no lo han logrado. No porque no exista, seguramente más de una hay o ha habido, sino porque conscientemente han cuidado su imagen pública y esto solo ha reforzado el equipo.

    En cosa de liderazgo, tener amigos siempre es bueno, pero tener un aliado, como Pence lo es de Trump es verdaderamente crucial.

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