Rafael Mies

Un país rehén

Ph.D. Profesor titular Cátedra de Capital Humano Embotelladora Andina ESE-Universidad de Los Andes

Por: Rafael Mies | Publicado: Jueves 17 de diciembre de 2015 a las 04:00 hrs.
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Rafael Mies

Si un individuo está privado de su derecho básico a desplazarse o está enfermo, o está preso o es un rehén.

Un rehén es una persona convertida en moneda de cambio para unos secuestradores. Ellos usan a ese ser humano para conseguir, mediante la coerción y amenaza, una serie de beneficios o bienes exigidos por ellos como legítimos.

Cuando un país entero no puede salir de sus fronteras porque funcionarios de una institución como la DGAC (Dirección General de Aeronáutica Civil) han convocado un paro, es un país literalmente rehén de unos pocos que exigen por la fuerza algo a cambio.

Algunos pensarán que es una exageración comparar a estos funcionarios con unos secuestradores. Dirán que los secuestradores muchas veces matan o maltratan a sus víctimas. Sin embargo, pocos llegan a conocer los enormes dramas y perjuicios que una acción como parar el transporte aéreo puede producir. Cuántos de esos pasajeros tienen compromisos médicos impostergables que ponen en riesgo su salud e incluso su vida. Cuántos compromisos familiares, alegres o tristes existen detrás de cada boleto comprado con anterioridad. Nadie lo sabe y a pocos les interesa, menos a los secuestradores quienes miran a sus víctimas como cosas, artefactos útiles a sus causas.

¿Será esta la democracia de la tolerancia y la inclusión a que hace referencia el oficialismo? ¿Por qué de un modo u otro este gobierno se las arregla permanentemente para excusar dichos abusos y a sus abusadores? ¿Será esta la retroexcavadora que necesitan algunos parlamentarios para reafirmar el dominio de unos pocos sobre los muchos?

Mientras, como muchos chilenos, cancelo mi vuelo, pienso si esta situación sería posible en una dictadura como la China, o en Cuba, o en el mismo Venezuela. La verdad que ahí para estas cosas el “bien del pueblo” está por sobre los intereses particulares de unos pocos y jamás permitirían que una cosa así sucediera. ¿Se imagina usted este paro en Corea del Norte?

¿Qué diría entonces nuestra presidenta o los parlamentarios de la Nueva Mayoría acerca de esta inconsistencia? ¿Acaso en China se protege al más débil y en Chile no? ¿Será que en Cuba las instituciones funcionan?

Demás está decir que no estoy alabando las dictaduras de izquierda ni de derecha ni de ningún tipo, solo quiero dejar en evidencia este doble estándar y la gran dictadura de las minorías que tienen sometidos permanentemente a los chilenos.

¿Cómo salir de este círculo vicioso que cada vez parece hundirnos más en el desorden institucional y cierta anarquía?

Se me ocurren pocas herramientas distintas a las de un liderazgo claro en orden a hacer respetar la constitución y las leyes.

Las instituciones están, las leyes también, el respaldo abrumador que muestran las encuestas a un mayor orden también. Solo falta la voluntad de nuestros líderes y gobernantes para dejar de lado parte de su ideología, perder el miedo a no contar con los votos de una minoría radicalizada y volver al sentido común que no es otro que proteger y cuidar los intereses de la gran mayoría de los ciudadanos de este país.

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