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Rafael Rodríguez

Apocalíptica visión de la eternidad

Presidente Seminarium Penrhyn International

Por: Rafael Rodríguez | Publicado: Jueves 13 de octubre de 2016 a las 04:00 hrs.
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Rafael Rodríguez

Uno de los libros que más impacto me ha causado en los últimos tiempos ha sido “De animales a Dioses” de Yuval Noah Harari, un historiador israelita educado en Oxford, en el que hace una síntesis de la evolución del homo sapiens desde su punto de partida animal hasta el presente y termina haciendo algunas proyecciones de posibles escenarios para un futuro cercano; ciertamente un futuro cuyOs primeros desarrollos van a alcanzar a nuestros hijos y van a pegar de lleno en nuestros nietos.

Entre los varios cambios que se avecinan hay dos que tienen potencialmente mega consecuencias sociales y políticas; el primero es que en un plazo de pocas décadas el hombre va a poder elegir ser amortal lo cual significa la posibilidad de elegir no morir por enfermedad. Sigue vigente la posibilidad de morir en un accidente o una guerra, pero no por cáncer o por un accidente cardiovascular o pulmonía o de un mal con apellido o cualquiera otra enfermedad.

Parece perturbador para quienes hemos tenido una sola certeza absoluta e incuestionable: la muerte.

Pero si esto es perturbador la siguiente proyección es aterradora: pocos años después el hombre va a poder elegir parar el reloj biológico del envejecimiento, lo cual agrega a la elección de no morir, la de vivir de la edad en que elija mantenerse, céteris páribus, esto es, su apariencia física, su producción de hormonas, progesterona y muchos otros procesos biológicos, como los tiene una persona de la edad de elección (¿veintisiete años?, o prefiere diecinueve). Esto es aterrador, puede provocar un conflicto social de magnitudes difíciles de calcular. En primer lugar las religiones que prometen vidas posteriores van a perder adeptos en forma masiva, al menos entre los que teniendo un buen pasar en esta tierra no se van a arriesgar a pasar a un paraíso del que no tienen certeza de su existencia. Imagínese que no existe, o si existe tiene dudas de que su comportamiento en la tierra no le de los puntos suficientes para entrar a este paraíso; uf, cuál será la tasa de descuento aplicable a esa decisión?

La segunda consecuencia de esa predicción si resulta cierta, es que el coeficiente de Gini se va a disparar hasta las nubes. Por un tiempo largo, sólo los con recursos para pagar por estos tratamientos que permitan parar el reloj van a poder lograrlo; esto es, los más ricos de la población quienes van a perpetuar su situación de por vida; se ve difícil que las Isapres incluyan estos tratamientos en sus planes; se ve difícil también que el Auge lo haga y por lo tanto los más pobres van a morir como todas las generaciones de humanos se han muerto hasta la fecha, ni más ni menos. Los nietos de Piketty se podrán dar un festín revisando los cálculos de su abuelo.

¿Se imagina los conflictos que esto podría traer sobre la humanidad? Si la educación gratis puede provocar manifestaciones masivas, imagínese la causa de la vida versus la muerte. Algunos carteles que se verían en las super multitudinarias marchas dirían, “no quiero morir”; “por qué ellos sÍ y nosotros no?”. “La sociedad más cruel es la que permite que algunos de sus ciudadanos vivan mientras que los demás mueren”, podría escribir un descendiente de Carlos Peña que haya heredado su talento.

Menos mal que ese problema literalmente no lo voy a alcanzar a vivir; pero me preocupa cómo preparar a mis hijos y nietos para enfrentarlo.

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