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Rafael Rodríguez

La teoría de imponer ideas por la fuerza

Rafael Rodríguez Presidente Seminarium Penrhyn International

Por: Rafael Rodríguez | Publicado: Miércoles 8 de agosto de 2018 a las 04:00 hrs.
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Erróneamente se atribuye a Voltaire haber acuñado la frase “Estoy en desacuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por tu derecho a defenderlas”. En realidad dijo algo que podría parecerse, pero nunca ofreció su vida a cambio; era más bien una invitación a permitir el libre pensamiento, tanto el propio como el derecho de los demás a tenerlo.

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Un grupo de personas de nuestra sociedad parece no estar de acuerdo con la frase, atribuida u original. Es un grupo no menor y preocupa que puedan ir formando legión. Este grupo es ruidoso y pretende impugnar a personas que sostienen posturas con las que no están de acuerdo (aborto, AVP, lucro, entre otras), o que cometieron el pecado de participar en determinado gobierno, circunstancias que los debiera —a juicio de este grupo— condenar de por vida.

Este comportamiento es totalitario y es consistente con que otros grupos impugnen a otras personas por sus convicciones, y así sucesivamente, hasta en un extremo conseguir el odio y la intolerancia, que pareciera ser el clima natural en el que algunas personas sienten que nuestra sociedad debiera vivir. Esto no lo reconocen, por lo general, pero su actitud es congruente con esa postura; no es consistente con la reconciliación, no es consistente con el perdón, menos es consistente con la misericordia.

Para evitarla, es necesario fomentar el libre y respetuoso debate de ideas y hay que prohibir las manifestaciones de odio, rencor y agresividad a las personas. Una cosa es discutir a fondo una idea, otra es atacar a las personas que la plantean.

Algunas de las muchas señales preocupantes de que se está instalando en Chile esta odiosidad son las funas y agresiones físicas contra José Antonio Kast en los centros del debate de ideas que debieran ser las universidades. Pero no sólo a él. El apuñalamiento de una manifestantes pro aborto, militar en un partido de derecha, o que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas enfrentara un grupo en el Instituto Nacional que se oponía a que hablara a cerca de 900 personas, también son motivos de agravio.

¿Los delitos de estas personas? Plantear ideas con las que otros no están de acuerdo. Este camino de descalificación es pobre, porque desecha el debate y lo reemplaza por dogmas con la pretensión de imponérselos al otro mediante el amedrentamiento.

De la descalificación intolerante a la agresión física hay un paso; de la agresión individual a la colectiva hay otro, y en el siguiente nos encontramos en los horrores que hemos visto en la historia (y en el presente) en demasiados lugares del mundo. Cuba, Colombia, Venezuela, la Argentina Kirchner y hoy Nicaragua, son ejemplos cercanos de cómo esta forma de actuar puede llevar a una sociedad a un profundo quiebre. Nosotros también lo vivimos en la segunda mitad de la década de los sesenta y eso nos llevó a principios de los setenta al quiebre de nuestra democracia.

Por eso no me gusta el lema patrio chileno. Le sobra el “por la fuerza”; harto hemos sufrido por ella.

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