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Ranking Forbes, ¿los poderosos de siempre?

M. Cecilia Cifuentes Directora Centro de Estudios Financieros ESE Business Schoo

Por: M. Cecilia Cifuentes | Publicado: Miércoles 28 de marzo de 2018 a las 04:00 hrs.
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M. Cecilia Cifuentes

Es llamativo el gran interés que existe por los llamados "ultra ricos", personas cuyo patrimonio muchas veces resulta superior al PIB de países pequeños ¡Un individuo concentra más riqueza que todo el PIB de un país! Parece impresionante, pero en realidad se trata de un paralelo erróneo, ya que la riqueza es un stock y el PIB es un flujo, y por lo tanto no son comparables. Si consideramos, por ejemplo, el patrimonio del N° 1 del Ranking Forbes, Jeff Bezos, de US$ 112 billones, y suponemos un retorno anual de 10% (bastante elevado) estamos hablando de un flujo algo superior al PIB de Haití, ya no parece tanto.

Así mismo, llama la atención lo inestable que resulta este ranking de riqueza en el tiempo. Entre 2007 y 2017 sólo cuatro personajes se mantuvieron en el top ten, lo que nos habla de la velocidad del cambio en nuestro mundo actual. De hecho, la mayoría de los actuales millonarios están vinculados al tema digital, primero bastante volátil –el dueño de Facebook ha enfrentado una caída de la acción de 15% en pocos días, lo que implica una pérdida patrimonial en torno a US$ 10 billones- y segundo, se trata de fortunas originadas en el capital humano de sus dueños, no en sus activos tangibles. Los ultra ricos actuales no son hijos de millonarios, sino que han basado su éxito económico en su creatividad y esfuerzo.

De todas maneras, cuando hablamos de fortunas de más de US$ 50 billones, imposibles de gastar en una vida (sin considerar el retorno permitiría gastar US$ 1.700.000 diarios durante 80 años), y consideramos que aún existen 1.400 millones de personas en el mundo en situación de pobreza, resulta tentador exigir a esos millonarios que ayuden un poco más. Pero ¿pueden ellos resolver el problema? La respuesta es negativa, los realmente poderosos en el mundo actual son otros. Me refiero a los gobiernos, cuyos niveles de gasto superan en cientos de veces las fortunas de los ultra ricos.

Algunos números ayudan a aclarar el punto. La fortuna del top diez de millonarios suma cerca de US$ 600 billones, pero ese es un stock, que podría generar un flujo anual de US$ 30 billones invertido en activos de riesgo moderado. Por otra parte, el gasto público de los diez mayores países del mundo representa una cifra exorbitante, de casi US$ 20.000 billones, es decir ¡casi 700 veces el flujo que podrían generar las diez mayores fortunas! Además, uno de los roles centrales de los gobiernos es la política social, por lo tanto, cuando nos preguntemos por la solución de la pobreza, los realmente poderosos en términos de recursos son los gobiernos, no los millonarios, quienes además contribuyen generando trabajos productivos. Y no se trata de que los gobiernos no estén haciendo nada en el tema, seguramente hacen bastante, pero un esfuerzo serio por hacerlo mejor sería mucho más productivo en términos de resultados que cualquier exigencia adicional que se le pueda poner a los millonarios.

¿Y cómo estamos en Chile en este tema? Las diez mayores fortunas en Chile suman algo menos de US$ 40 billones, también con bastante movilidad, si consideramos que la mayoría son primera o segunda generación. Tendríamos entonces que esas fortunas podrían generar un flujo anual de US$ 2 billones, cifra que representa menos de un 3% del gasto del gobierno. Estamos hablando de un flujo de gasto anual del gobierno general de US$ 75 billones anuales, y por lo tanto es evidente que es el erario nacional quien tiene los recursos para enfrentar los problemas sociales. La real tarea pendiente es enfocarse en cómo utilizarlos y administrarlos mejor. Basta mencionar que si Chile tuviera los niveles de eficiencia burocrática del gobierno australiano, ese sólo hecho permitiría ahorros de recursos por US$ 2,5 billones, monto superior al flujo que generarían las diez mayores fortunas. Por esta razón, miro con esperanza el creciente consenso que se ha ido generando respecto a la modernización del Estado. Es una tarea de largo aliento, que probablemente supere a un gobierno, pero que parece cada vez más impostergable.

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