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Rivalidad EEUU-China y retroceso de la economía de mercado

GIDEON RACHMAN © 2021 The Financial Times Ltd.

Por: GIDEON RACHMAN | Publicado: Jueves 13 de mayo de 2021 a las 04:00 hrs.
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GIDEON RACHMAN

Las viejas ideas son como la ropa vieja: si se espera lo suficiente, volverá a ponerse de moda. Hace treinta años, la “política industrial” estaba tan de moda como un bombín. Pero ahora gobiernos de todo el mundo, de Washington a Beijing y de Nueva Delhi a Londres, están redescubriendo la alegría de los subsidios y alabando la autosuficiencia económica y la inversión “estratégica”.

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La importancia de esto va mucho más allá de la economía. La adopción internacional del libre mercado y la globalización en la década de 1990 vino acompañada de una disminución de la tensión geopolítica. Había terminado la Guerra Fría y los gobiernos competían por atraer inversiones más que por dominar territorios.

Ahora, el resurgimiento de la rivalidad geopolítica está impulsando la nueva moda de intervención estatal en la economía. Conforme disminuye la confianza entre EEUU y China, ambos han empezado a ver la dependencia mutua para cualquier producto vital —ya sean semiconductores o minerales raros— como una peligrosa vulnerabilidad. La producción nacional y la seguridad del suministro son las nuevas consignas.

A medida que se intensifica la disputa económica e industrial, EEUU ha prohibido las exportaciones de tecnologías clave a China y ha presionado para repatriar las cadenas de suministro. También avanza hacia la financiación estatal directa de la fabricación de semiconductores. Por su parte, China ha adoptado una política económica de “doble circulación” que enfatiza la demanda interna y en la consecución de “grandes avances en tecnologías clave”. El gobierno de Xi Jinping también está reforzando el control estatal sobre el sector tecnológico.

El nuevo énfasis en la estrategia industrial no se limita a EEUU y China. En India, el gobierno de Narendra Modi promueve una política de Atmanirbhar Bharat (India autosuficiente), que fomenta la producción nacional de productos básicos clave. La Unión Europea (UE) publicó el año pasado un documento sobre estrategia industrial, que se considera parte de un impulso hacia la autonomía estratégica y una menor dependencia del exterior. Incluso la administración conservadora de Gran Bretaña se está alejando de la economía del laissez-faire promovida por Margaret Thatcher e intentando proteger las industrias estratégicas.

La pandemia de Covid-19 ha reforzado la moda de la política industrial. Las lecciones sobre resistencia nacional aprendidas con la pandemia pueden aplicarse ahora a otros ámbitos, desde la energía hasta el suministro de alimentos. En EEUU, los argumentos de seguridad nacional a favor de la política industrial se mezclan con la reacción negativa más amplia en contra de la globalización y el libre comercio, mientras que la retórica de Joe Biden es francamente proteccionista.

Los votantes seguramente pensarán que muchos de estos argumentos tienen sentido común. El proteccionismo y la intervención estatal a menudo tienen ese efecto. Pero los economistas de libre mercado están horrorizados. Conforme aumentan las tensiones entre China, EEUU y otras grandes potencias, es comprensible que estos países se fijen en las implicaciones en materia de seguridad de las tecnologías clave. Pero las afirmaciones de los políticos de que la política industrial también producirá empleos mejor remunerados y una economía más productiva merecen tratarse con profundo escepticismo. A veces las ideas pasan de moda por una razón.

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