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Robo-advisor

Joaquín Aguirre Gerente de Estudios Tanner Investments

Por: Joaquín Aguirre | Publicado: Jueves 5 de abril de 2018 a las 04:00 hrs.
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Joaquín Aguirre

¿Sabía usted que el trabajo más común en EEUU es vendedor minorista? Esta ocupación, asociada al retail, congrega a cerca de 5 millones de trabajadores ¿Sabía además que la segunda ocupación más común es cajero? ¿Qué se le viene a la mente entonces, si le menciono que Amazon lanzó una tienda prototipo donde los clientes pueden autogestionar su compra?

Seguramente ya ha leído sobre la automatización y el desplazamiento laboral. Acá se enmarcan desde los camiones autónomos hasta los médicos robots, que serán parte de nuestro ecosistema. Los pronósticos al respecto pueden ser del tipo armagedón parecido a Terminator, o de un futuro armonioso y próspero donde las máquinas harán nuestra vida más fácil.

La industria financiera no está exenta de esta tendencia y la tecnología en este campo (Fintech) está bastante avanzada. Ya no necesitamos ir a una sucursal a pedir un crédito. La infraestructura bancaria física como la conocemos, irá desapareciendo e incluso, a través del crowdfunding por ejemplo, cada uno ya puede transformarse en un prestamista.

¿Pero qué pasará con la gestión patrimonial? Si la asesoría financiera se limitara a buscar la mejor combinación riesgo-retorno en base a parámetros estadísticos, entonces usted no necesitaría conversar con su asesor humano. Bastaría solo con llenar un completo cuestionario online para determinar su perfil de riesgo, y dejar que la tecnología haga lo suyo.

Este papel lo están empezando a cumplir los Robo-advisors (desafortunada combinación hispanoparlante), que corresponden a sistemas de asesorías de inversión sin la intervención humana. El servicio que aportan va desde un cuestionario que entrega el perfil de riesgo del cliente, hasta complejos algoritmos que gestionan continuamente las inversiones. Incluso ya está disponible la tecnología para que los robo-advisors aprendan, a través de la inteligencia artificial, los patrones de comportamiento y riesgo de los inversionistas y ejecuten transacciones en instrumentos financieros con los objetivos pertinentes.

El valor que entregan estos sistemas es monumental, aunque no creo que signifique en este caso el desplazamiento de los asesores humanos. A la hora de manejar algo tan delicado como sus recursos el inversionista requiere un trato cercano y humano, alguien incluso que sea capaz de lidiar con las emociones y otros sesgos que tenga. Hasta ahora un robot no es el más idóneo para lidiar con todo esto. Por ello aquí aparecerán sinergias: los asesores humanos deberán sofisticar su conocimiento financiero para entender y usar a los robo-advisor como un apoyo en la gestión patrimonial. Con esto, 1 más 1 será mucho mayor que 2.

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