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Rodrigo Aravena

Adiós brotes verdes… ¡Bienvenido el crecimiento!

Rodrigo Aravena González Economista Jefe Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena | Publicado: Lunes 5 de febrero de 2018 a las 04:00 hrs.
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No tengo duda que tras leer el título de esta columna, surja de manera natural el recuerdo de un sinnúmero de discursos y titulares basados en potenciales expectativas de recuperación. Ello es aún más válido al considerar que la economía chilena, durante los últimos cuatro años, tuvo un anémico crecimiento de sólo un 1,8% (alcanzando el peor cuatrienio de al menos los últimos 30 años), el cual estuvo marcado por una serie de “falsas alarmas” de recuperación, donde tras algunos meses de mejoras en las cifras de Imacec, volvíamos a la realidad de estar permanentemente por debajo del 2,0%.

La economía chilena ha aumentado el crecimiento de manera importante durante los últimos trimestres, partiendo de una cuasi recesión el primer semestre a una expansión cercana al 2,5% la segunda mitad del año. Por lo anterior, y más aún al considerar la experiencia de los últimos cuatro años, es natural preguntarse: ¿estamos ante la presencia de un nuevo “brote verde”?

A diferencia de la tónica que vivimos los últimos años, creo que ahora la economía sí está encaminada en una franca recuperación. Las razones de esta hipótesis (que creo prudente mantenerla como tal, al menos por un tiempo), son variadas.

Una de ellas radica en la mejora significativa que está teniendo el escenario externo, factor que ha demostrado ser absolutamente determinante sobre la economía chilena. Y en este sentido, tenemos un conjunto de elementos que nos muestra un escenario que, incluso, podría ser el más benigno de la última década. La aceleración en el crecimiento de los socios comerciales, con EE.UU. mostrando los mejores indicadores de empleo y confianza desde 2001, China aún con tasas cercanas al 7,0% (por sobre su objetivo de 6,5%), en un contexto de crecimiento altamente sincronizado, donde la recuperación es un fenómeno generalizado y no sólo la historia de un grupo de países. Pero la mejora no es sólo del sector real, ya que diversos indicadores muestran que las tensiones financieras han caído de manera relevante, destacando entre ellos los bajos valores del VIX, el aumento sostenido de las bolsas en el mundo y la caída en los niveles de riesgo país, confirmando que la percepción de riesgos es mucho mejor. Asimismo, el precio del cobre en US$ 3,2, sólo termina por reafirmar esta historia.

Pero sería injusto atribuir las mejores condiciones sólo a factores externos. Si hay algo que ha presentado una mejora realmente significativa son algunos indicadores de confianza local, especialmente en el lado de los consumidores. Junto con el aumento que ha presentado el IPEC por cinco meses consecutivos (índice de percepción mensual que elabora Adimark), no deja de ser relevante que el subíndice que captura expectativas para los próximos 12 meses se haya ubicado en el mejor nivel desde fines de 2010, momento en que la economía chilena crecía a tasas incluso superiores al 6%. Esto, en un contexto donde las ventas de bienes durables y las importaciones de bienes de capital (excluyendo elementos volátiles de transporte) crecen alrededor de 15%, deja entrever que no sólo hay mejores perspectivas, sino que además datos que efectivamente apoyan esta tesis de recuperación. Así, creo que no debiese extrañarnos que en algunos meses estemos pensando que la economía chilena crezca 3,5% o incluso más este año. Y quizás aún más en 2019.

Hace mucho tiempo que no podíamos hablar de la economía chilena en este tono. Sin embargo, debemos ser conscientes que esto trae grandes responsabilidades. Una de ellas es que este mayor dinamismo genera una tremenda oportunidad para retirar gradualmente el estímulo fiscal. Planteo este tema no sólo por el aumento sostenido que ha existido en los niveles de deuda y el recorte en la clasificación soberana, sino que además porque mantenerlo puede generar una serie de efectos indeseados, como una mayor caída en el tipo de cambio y distorsiones en tasas de interés. Además, el desafío de crecer sin gasto, sin duda obligaría a impulsar mayores estímulos a la inversión y productividad, lo cual constituye una de las principales tareas pendientes en el país.

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