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Columnistas

07/08/2017

Crecer sin gasto

Rodrigo Aravena González Economista Jefe Banco de Chile

  • Por Rodrigo Aravena
    Rodrigo Aravena

    Rodrigo Aravena

    Es esperable que las próximas semanas estén marcadas por una creciente atención, análisis y debate en torno a la elaboración del Presupuesto Fiscal del 2018. Si bien es habitual que ello ocurra en esta parte del año, hay algunos elementos que hacen pensar que podría ser incluso mayor. En particular, creo que la combinación del persistente (y preocupante) bajo crecimiento económico, el creciente deterioro fiscal y el cambio en la clasificación crediticia por parte de S&P generan la antesala perfecta para poner énfasis en la consolidación de las cuentas fiscales. ¿Cómo se logra? Básicamente con austeridad fiscal y crecimiento económico.

    En otras palabras, es necesario entender que el país necesita aumentar el crecimiento pero sin incrementar el gasto, lo que va mucho más allá de la discusión presupuestaria, involucra a diversos actores y obviamente no es un tema de un año en particular. En este contexto, es fundamental abordar este tema con foco en los siguientes tres elementos:

    Primero, tomar como punto de partida que la consolidación fiscal no sólo es algo necesario, sino que además se ha tornado más urgente. Si bien es cierto que el nivel de deuda bruta que posee Chile (este año será cercana a 25% del PIB) es muy inferior a lo que poseen otras economías en el mundo (en países desarrollados y emergentes es cercana a 49% y 106% del PIB), no deja de preocupar el fuerte aumento que ha tenido la última década. Desde el año 2007 la deuda ha aumentado en algo más de 20 puntos del producto, deterioro similar a lo que observamos en países desarrollados con alta concentración de commodities, como es el caso de Nueva Zelanda, Canadá y Australia, entre otros. Sin embargo, lo que se debe mirar con especial atención es el acelerado deterioro que ha existido en lo más reciente: por ejemplo, cerca del 60% del aumento de la deuda en Chile (como proporción del PIB) se ha concentrado en los últimos 4 años, cifra muy superior a la observada en las otras economías mencionadas. Dado que los déficits fiscales tienden a ser flexibles al alza y más bien rígidos a la baja, es fundamental tomar cartas en el asunto y evitar una potencial inercia que conlleve a nuevos deterioros en la clasificación soberana, mayores gastos en intereses y fuentes de financiamiento más caras, que en el largo plazo puedan generar la necesidad de realizar ajustes fiscales más pronunciados.

    Un segundo elemento se relaciona al impacto del menor crecimiento económico en el deterioro fiscal. Anteriormente citaba que la deuda se ha acelerado en los últimos años, lo cual es coincidente con la reducción en la tasa de crecimiento del PIB. Si bien hay múltiples razones detrás de esta caída, se debe considerar que hubo dos elementos que en años anteriores contribuyeron positivamente al crecimiento: el ciclo del cobre y una política fiscal altamente expansiva. Tanto el debilitamiento de la minería como la necesidad de realizar ajustes fiscales en el futuro, hacen evidente la necesidad de buscar otros catalizadores para impulsar la actividad, principalmente aquellos más bien ligados a la oferta. En términos más simples, es crítico impulsar la productividad y la inversión, más que pedirle a la política fiscal algo que simplemente no podrá aportar.

    Finalmente, creo que una discusión válida de plantear es el perfeccionamiento de la regla fiscal. No cabe duda que la regla ha generado un sinnúmero de beneficios, que ha sido reconocida internacionalmente como uno de los principales fundamentos macroeconómicos del país. Sin embargo, es válido también señalar que tanto el aumento de la deuda como la persistencia de los déficit fiscales no es algo que resultaba esperable al aplicar una regla estructural. Así, creo que existe espacio para discutir elementos como la consideración de los déficits efectivos (no sólo los estructurales), la internalización de ajustes en cifras de años anteriores y fortalecer la institucionalidad de esta regla, entre otros.

    Quisiera cerrar mencionando que Chile aún posee niveles de deuda bajos, por lo que estamos muy a tiempo de realizar ajustes graduales que no representen grandes sacrificios para el país. Sin embargo, el no tomar esto con la urgencia requerida sólo puede tener costos significativos en el largo plazo.

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