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Rodrigo Aravena

De regreso al 4%

Rodrigo Aravena González Economista Jefe – Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena | Publicado: Lunes 11 de junio de 2018 a las 04:00 hrs.
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El crecimiento de 5,9% de la economía en abril vino a confirmar que las buenas cifras de llegaron para quedarse, al menos por este año y el próximo. En particular, creo que todo apunta a que la economía será capaz de sostener un crecimiento cercano al 4% este bienio, lo cual constituiría el mejor ciclo al menos desde 2012.

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Si bien el crecimiento de abril es el mayor desde fines de 2012, esa cifra no es la principal razón que justifica esta visión más optimista del país. En particular, estas perspectivas se sostienen al menos en cuatro elementos:

El primero de ellos es que la economía global se encuentra en un ciclo positivo, donde no sólo ha aumentado el crecimiento económico, sino que además la calidad de éste. Junto al hecho de que el PIB mundial crecería casi un 4% este año, lo cual constituiría la mayor expansión desde 2011, es destacable la sincronización en el crecimiento observado en diversas partes del mundo. Por ejemplo, en la última versión del World Economic Outlook, el FMI realizó un aumento transversal en las estimaciones de PIB, lo cual deja entrever que el mayor crecimiento no sería impulsado por un grupo pequeño de países, reduciendo de manera importante los riesgos de un deterioro en la actividad global.

Un segundo factor es el hecho de que la economía chilena no sólo está creciendo por efectos de la mala base de comparación del año pasado, sino también porque hay un crecimiento real en el margen. En particular, en términos desestacionalizados, la economía se expandió a una tasa anualizada de 4,1% los últimos tres meses, superando la capacidad de crecimiento de largo plazo. En otras palabras, al eliminar los efectos estadísticos que genera la paralización de Escondida, el país realmente está cerrando brechas de capacidad. Dado que este cuadro ha venido acompañado de una mejora en la calidad del crecimiento (no sólo en la cantidad) —que se ha reflejado, por ejemplo, en la recuperación en el empleo asalariado por sobre el por cuenta propia, o en el dinamismo en diversas partidas del componente privado en vez del gasto público—, refuerza aún más la idea de una persistencia que no desaparecerá en el corto plazo.

Un tercer elemento es la recuperación en las expectativas, que podría incluso anticipar un ciclo aun más sólido en el futuro. Factores como la persistencia de la confianza empresarial los últimos cinco meses en zona optimista (luego de cuatro años en pesimismo), evidencian que hay una tendencia y que no estamos solamente ante un dato puntual. Adicionalmente, el hecho de que la confianza de los consumidores haya registrado la misma tendencia sólo permite reafirmar las buenas perspectivas del gasto privado.

Un cuarto elemento —que no es directamente cuantificable, pero es muy importante para una sostenibilidad de este mayor dinamismo a través del tiempo—, es que una serie de temas muy importantes para el crecimiento han estado más presentes en el debate local. Me refiero, específicamente, a diversas iniciativas que han sido anunciadas por el gobierno que, en caso de poder implementarse, podrían no sólo dar un impulso adicional, sino además a las perspectivas de largo plazo. En particular, elementos como la posibilidad de una simplificación del sistema tributario, mejoras en la institucionalidad ambiental, una mayor promoción de concesiones y la revisión del sistema laboral, sin duda que permitirían incluso contribuir con mejoras estructurales a la capacidad de crecimiento de Chile. Así, el desafío es que en 2020 no estemos nuevamente creciendo al 3%.

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