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Rodrigo Aravena

El año de la inversión

Rodrigo Aravena González Economista Jefe del Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena | Publicado: Lunes 9 de julio de 2018 a las 04:00 hrs.
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El crecimiento de 4,9% del Imacec en mayo vino a confirmar que esta recuperación es de verdad. Más allá de que el país nuevamente haya crecido por sobre lo esperado, las cifras muestran que esta tendencia no es explicada por razones estadísticas (como una baja base de comparación), sino que hay una mejora cíclica que podría acompañarnos por algunos trimestres más. En particular, el crecimiento promedio de 5,1% los últimos tres meses, con una aceleración en el margen, deja en evidencia que el crecimiento de 4% este año es aun más alcanzable. En otras palabras, parece cada vez más probable que el país alcance el mejor desempeño económico desde 2012.

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Pero más allá de las cifras agregadas, es importante destacar el rol que jugaría la inversión en esta reactivación. Es destacable el hecho de que sería el componente del PIB lo que presentaría la principal mejora y que, además, permitiría afirmar que el crecimiento no sólo aumenta en cantidad, sino también en calidad. Dado lo anterior, es razonable plantear que definitivamente 2018 podría incluso ser el año de la inversión. Sin embargo, es necesario ir más allá y plantear las siguientes preguntas:

¿Realmente tenemos razones para esperar un resurgimiento importante de la inversión? La respuesta es sí, por varios factores. Uno de ellos es que la mejora en expectativas es un punto de partida necesario para la reactivación de diversos proyectos. Si bien por sí misma no asegura un cambio de tendencia, el hecho de tener expectativas en los mayores valores de los últimos cinco años permite las condiciones necesarias para seguir con esta discusión. Adicionalmente, el crecimiento que tuvo la inversión en el primer trimestre y la evolución más reciente de algunos indicadores —como el crecimiento de 39% en las importaciones de bienes de capital en mayo— dejan claro que esta tendencia incluso se ha acelerado.

Una razón adicional que apoya esta visión positiva es la mayor atención que ha recibido la inversión en el actual debate de políticas públicas, donde los factores micro han ido ganando relevancia, con el involucramiento de más actores a la gestión de diversos proyectos. De acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Economía (en la oficina GPS, disponible en la web), hay proyectos de inversión por cerca de US$ 60.000 millones que podrían ser ejecutados los próximos años, lo cual, de llegar a materializarse, sin duda generaría un impacto positivo no sólo en el crecimiento de corto plazo, sino que además en la capacidad estructural.

A raíz de este último punto surge una segunda interrogante. ¿Está asegurado el crecimiento de la inversión para los próximos años, más allá del salto que veríamos en 2018? Lamentablemente, no. Si bien tenemos todas las condiciones para que ello ocurra, hay varios retos de mediano plazo que serían relevantes en la sostenibilidad de la inversión en el largo plazo. Es fundamental avanzar en diversos ámbitos, tanto micro como macro. Por ejemplo, es importante que se avance en cuanto a potenciales simplificaciones y mejoras al sistema tributario, como así también en posibles mejoras al mercado laboral. En el ámbito micro, una buena referencia está en el informe de la política regulatoria en Chile que elaboró la OECD un año atrás, donde quedan en evidencia algunas brechas que van desde niveles educacionales, hasta temas relacionados con tramitaciones de permisos. Sin duda que una agenda de largo plazo, que ponga aun más énfasis en estos temas, permitiría que este crecimiento de la inversión se prolongue por algún tiempo más.

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