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Rodrigo Aravena

La urgencia de crecer

Rodrigo Aravena González Economista Jefe del Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena | Publicado: Lunes 9 de septiembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Durante los últimos días hemos visto una fuerte preocupación por el menor crecimiento de Chile, la cual se ha ido incrementando luego del ajuste en las proyecciones dadas a conocer por el Banco Central. De esta manera, se ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad real de tener un par de años creciendo menos del 3%, algo que dista mucho de lo que pensábamos un año atrás. Así, un cálculo muy simple puede mostrar que este deterioro significa una merma de casi US$ 10.000 millones en el PIB de dicho período.

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En este contexto, vale la pena preguntarse, ¿qué sabemos realmente de lo que está ocurriendo? Y en función de ello, ¿qué podemos hacer?

En relación a la primera interrogante, hay evidencia robusta sugiriendo que el principal catalizador de la desaceleración es el escenario externo, lo cual marca una diferencia importante con lo vivido entre 2016 y 2017, cuando los factores locales aparentemente tenían más preponderancia en el débil desempeño del país. En este contexto, el recuadro III.1 del IPoM nos muestra de manera muy clara el impacto que tiene la guerra comercial en nuestra actividad (sobre todo el gráfico que aparece en la página 35), situación de la cual, lamentablemente, no tenemos certeza del alcance que pueda llegar a tener.

Adicionalmente, debemos estar conscientes de la falta de holguras fiscales para impulsar la economía. Junto con la gran incertidumbre que tenemos sobre el futuro la economía global —lo que por sí solo nos debe ser aún más cautos en relación al buen uso de los ahorros fiscales, tal como se ha hecho hasta ahora—, la caída en la estimación del precio del cobre de largo plazo y la persistencia de un PIB tendencial por debajo del 3,0% dejan en evidencia que no hay excedentes extraordinarios para aplicar políticas muy expansivas.

Entonces, ¿qué podemos hacer? La respuesta debiese tener dos componentes.

Desde un punto de vista de ciclo, no cabe duda que la política monetaria está ejerciendo un rol clave. Bien sabemos que en un esquema como el nuestro, la política monetaria es la primera línea de defensa para mitigar el ciclo y, con ello, alcanzar la meta de inflación. De esta manera, no sólo son ampliamente justificables los recortes aplicado en la TPM, sino que además pueden ser esperables algunos más en el futuro (más aún al considerar la falta de impulso fiscal).

Desde un punto de vista más bien estructural, tenemos una serie de tareas en el futuro. Quizás la principal de ellas es realizar un análisis más bien técnico y de largo plazo sobre los impactos de algunas reformas que actualmente se discuten en el país. Por ejemplo, mientras observábamos los recortes en las estimaciones de PIB, paralelamente se discutía la reducción en la jornada laboral. Sin entrar en detalles, creo que es válido preguntarse, ¿Tenemos claridad sobre el impacto de estas potenciales medidas en el empleo y crecimiento? ¿Hemos discutido lo suficiente sobre el impacto de realizar estas medidas en el actual ciclo que enfrenta el país? ¿Qué medidas mitigantes podrían considerarse? Este análisis también es válido para otros temas de primer orden y que aún no se han zanjado completamente, entre ellos el tributario y el de pensiones.

Como siempre insisto, no podemos olvidar que la buena calidad de las políticas públicas marca una diferencia material en el bienestar de largo plazo, más aún cuando aspiramos a ser un país desarrollado.

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