Rodrigo Aravena

Mucho más allá del 2,0%...

Rodrigo Aravena Economista Jefe Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena | Publicado: Lunes 18 de enero de 2016 a las 04:00 hrs.
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El debate sobre el crecimiento de 2016 se ha intensificado significativamente. Si bien en gran medida se ha exacerbado por la reciente caída del precio del cobre, veo con gran preocupación el exceso de comparaciones relacionadas con el crecimiento de 2015. En otras palabras, si el PIB aumentará más o menos de 2,0%. Creo que esa pregunta no es la más relevante y que hay algunos temas que también debiesen ser considerados en esta discusión. Quiero dejar claro que en esta columna no pretendo realizar alguna estimación cuantitativa de PIB para este año, sino más bien constatar algunos temas que realmente son muy importantes.

En primer lugar, creo que no tiene mucho sentido realizar comparaciones con 2015. Más que preguntarnos qué elementos no estarán presentes este año, tenemos que estar conscientes de que el conjunto de factores que nos pudiera haber ayudado el año pasado quizás no se repetirá. Y no estoy hablando de 2016, sino más bien de un período de tiempo mucho más largo, donde el precio de los commodities sería menor, tasas tanto locales como externas irían al alza y tendremos un gasto de gobierno que definitivamente no contribuirá como lo ha hecho hasta ahora. Ello implica que, de no mediar nuevas fuentes (pongo especial énfasis en la palabra “nuevas”) de crecimiento, creceremos menos y no sólo en 2016. Así de simple.

Un segundo tema que veo con preocupación es que muchas veces tiende a darse por sentada la relación entre el alza en el tipo de cambio y un mayor crecimiento. Al respecto, creo que es importante saber que dicha relación no es automática y que requiere de ciertas condiciones adicionales para que efectivamente impulse una mayor actividad. Por ejemplo, que exista una percepción de que el aumento en el dólar es permanente, que la depreciación no sea multilateral (no sólo contra el dólar) y, lo más importante, que existan las condiciones necesarias para que se dé realmente el reordenamiento sectorial, por ejemplo, desde sectores como la minería hacia la industria o el agro. Entonces debemos preguntarnos si están dadas todas las condiciones, a nivel más micro, para que dichas empresas absorban un mayor empleo y/o lleven a cabo las inversiones que en años pasados se pudiesen haber postergado. Es más, el alza en el tipo de cambio, en el corto plazo, incluso tiene un efecto contractivo, por ejemplo, a través de la mayor inflación (y su efecto en el poder adquisitivo) y el encarecimiento de importaciones de bienes de capital.

Un tercer elemento que no puedo dejar de mencionar es el devenir de la política fiscal. Hay una probabilidad de que la caída en el cobre y crecimiento sea más persistente de lo que asumió el presupuesto fiscal. Incluso no resulta descartable la necesidad de ajustar el escenario antes del próximo presupuesto y aprovechar de plantear preguntas de fondo, como si Chile puede y debe realizar un ajuste significativo en el déficit estructural, o quizás preguntarse si la regla fiscal debe considerar también elementos relacionados con el déficit efectivo y no sólo el estructural. Al final del día, no podemos olvidar que el balance estructural es sólo una guía, y lo realmente determinante para nuestra clasificación de largo plazo será la evolución de la deuda y, por ende, el déficit efectivo. Obviamente, es una discusión que excede con creces el horizonte de 2016.

Entonces, tenemos una serie de tareas desde ya. Una de ellas es no descartar totalmente la posibilidad de que estamos ante un cuadro más persistente. En ese sentido, es importantísimo entender que simplemente no podemos crecer haciendo más de lo mismo. De esta manera, tenemos que ser más conscientes que nunca en la necesidad de mirar las condiciones de oferta y hacer realmente todo lo que esté a nuestro alcance para generar condiciones de mayor inversión, mejoras en productividad, preocuparnos más de los aspectos micro y, sobre todo, mejorar la confianza.

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