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Columnistas

17/04/2017

Poner el foco en el crecimiento local

Rodrigo Aravena Economista jefe Banco de Chile

  • Por Rodrigo Aravena
    Rodrigo Aravena

    Rodrigo Aravena

    Las noticias en materia de crecimiento no han sido positivas. La caída anual de 1,3% en el Imacec de febrero dejó en evidencia el significativo impacto que tuvo la paralización de Escondida, cuyos efectos se dejarán sentir también en marzo. Así, la caída anualizada del PIB en el cuarto trimestre del 2016 y el crecimiento cercano a cero en los primeros meses de este año habrían configurado una cuasi recesión en Chile. Estas cifras alimentan una tendencia que resulta preocupante, donde no sólo completamos el peor trienio desde mediados de los 80, sino que además vemos reducciones en las estimaciones de crecimiento pese a la mejora en las condiciones externas. Queda en evidencia que hay factores locales detrás de este bajo dinamismo.

    Este panorama justifica ampliamente poner el crecimiento local como una prioridad. Hay evidencia abrumadora sobre los beneficios que genera el crecimiento económico en el bienestar de las personas, en materias como calidad de empleo e ingresos laborales, disponibilidad y acceso a bienes públicos, entre tantos otros. Estos argumentos, junto al debate de políticas públicas que se genera en períodos eleccionarios, justifica detenerse un momento para reflexionar.

    El desafío consiste en crear las bases de un mayor crecimiento sostenido. Si bien son muchos los elementos que se pueden poner sobre la mesa, resultaría muy útil considerar los siguientes tres:

    Primero, el punto de partida es reconocer que actualmente no hay espacio fiscal para estimular el crecimiento económico. Pese al esfuerzo realizado en los últimos años para desacelerar el crecimiento del gasto fiscal -que en sólo tres años se redujo desde 9% a 3%-, el déficit se ha mantenido en torno a 3% del PIB y por ende la deuda, tanto en términos netos como brutos, ha continuado subiendo. Estas cifras muestran que la situación fiscal se ha deteriorado, lo que se confirma por las perspectivas negativas de la clasificación crediticia soberana de Chile. De esta manera, en vez de plantear formas en que la política fiscal pueda contribuir a una expansión de la demanda, más bien debiésemos pensar en medidas que reduzcan el impulso fiscal. Esto implicaría, entre otras cosas, reconocer la existencia de holguras negativas, que incluso requerirían revisar la trayectoria de gastos comprometidos en el largo plazo. Es necesario poner énfasis en temas de oferta (más que de demanda) como catalizadores del crecimiento.

    Segundo, es importante plantear temas ausentes de la discusión y que pueden marcar diferencias en el largo plazo. Uno de ellos dice relación con el mercado laboral, particularmente en dos ámbitos: no ha existido un foco en medidas que promuevan una mayor participación laboral, que se encuentra por debajo de cifras observadas en países desarrollados, lo cual permitiría compensar el impacto negativo del menor crecimiento de la población. Adicionalmente, un tema a abordar con especial atención es el elevado desempleo juvenil, ante lo cual la revisión de los niveles de flexibilidad laboral podría jugar un rol importante.

    Un tercer desafío se refiere a la diversificación de la matriz productiva de Chile, principalmente en lo que respecta al desarrollo de sectores distintos de la minería, donde también existen condiciones competitivas. Es fundamental reconocer que una parte del mayor crecimiento que tuvo Chile la última década estuvo muy relacionada con el positivo ciclo minero -más que por mejoras en la productividad, como observamos en los 80 y parte de los 90-, por lo que la moderación de este ciclo nos obliga más aún a impulsar condiciones de desarrollo de largo plazo en otros sectores. Es fundamental el análisis y diseño de políticas públicas que faciliten la movilidad laboral entre sectores (lo cual implica reducir rigideces laborales), simplificar procesos y mejorar aspectos institucionales, entre otros.

    No cabe duda que estos elementos imponen tremendos desafíos para el país. Requieren la generación de análisis técnicos, con participación de diversos sectores y visión de largo plazo. Sin embargo, conseguir un mayor crecimiento sostenido en el tiempo genera beneficios que compensan todos los esfuerzos de corto plazo.

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