Rodrigo León

Cambiar el rito

Rodrigo León U. SILVA Abogados

Por: Rodrigo León | Publicado: Miércoles 20 de mayo de 2020 a las 04:00 hrs.
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Hace unas semanas, notas de prensa daban cuenta de un hecho que pasó un poco desapercibido. Una nueva generación de abogados debió, para obtener su título, jurar ante la Excelentísima Corte Suprema por videoconferencia y no de forma presencial, por primera vez en la historia.

En estos tiempos de pandemia en que se ha forzado la radicalización y masificación del uso del medio digital, desde el teletrabajo hasta el e-learning escolar y universitario, el hecho de jurar digitalmente podría parecer normal y hasta baladí, pero resulta de gran relevancia jurídica. El juramento, como acto jurídico, es sin lugar a duda un acto personalísimo, es decir, uno no puede jurar por otro; uno jura por lo que uno cree, no por lo que cree otro.

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El derecho, entre muchas otras cosas, es un enorme conjunto de ritos, como el ritual de jurar, y eso se debe a su origen litúrgico. Aldo Schiavone en su obra “Ius. La invención del derecho en Occidente”, nos recuerda que el derecho nace y es inventado en Roma. Las reglas jurídicas habrían derivado de un conjunto de ritos sacramentales de sacerdotes y sacerdotisas reunidos en una suerte de ciencia del Oráculo –Cicerón, por ejemplo, tiene un tratado completo sobre la “Adivinación”–, que poco a poco se va desacralizando y es reemplazado por una nueva religión laica, si se me permite la expresión, la religión del derecho.

Y esta nueva religión supone una nueva actividad económica antes inexistente: la del abogado. Por eso no es correcto hablar de derecho ateniense, persa o mesopotámico, lo que antes había no era propiamente derecho, eran un conjunto de reglas eclécticas religioso-jurídicas en que el poder político-religioso comandaba las soluciones a conflictos entre partes, sino recordemos al Rey Salomón. Mucho les debemos a los romanos. ¡Ojalá lo recordaran quienes eliminan el estudio del derecho romano de las mallas curriculares!

Este conjunto de ritos, a veces arcanos e inexplicables para los legos (sí, usamos palabras que nadie más entiende), demuestran, precisamente, nuestro origen litúrgico. Ahora bien, estos ritos han evolucionado en el tiempo, por ejemplo, para comprar una parcela en Roma uno debía dar vueltas por sus deslindes montando un caballo frente a testigos; hoy, dado que poco se usan los caballos, uno va a una notaría para que se otorgue una escritura pública, pero sigue siendo un ritual. Estos ritos deben, como el juramento de los nuevos abogados, amoldarse a la realidad actual en que Internet toma un rol fundamental.

Si ya éramos Internet dependientes, con la pandemia ello se multiplicará por decenas de veces. La pandemia, como ha dicho alguien, ha acelerado cambios culturales y sociales que nos tomarían 10 años a unos cuantos meses, y eso afecta también al derecho. Dentro de todos los ritos legales hay uno que debe cambiar y pronto, la Escritura pública. Ya es hora de que todo el proceso de otorgamiento sea totalmente digital. Es absurdo exigir comparecencias personales a notarias físicas en estos tiempos, y su cambio es bien simple, es cambiar de rito.

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