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Sergio Lehmann

Más cabeza y menos guata

Sergio Lehmann Economista Jefe de BCI Estudios

Por: Sergio Lehmann | Publicado: Jueves 8 de noviembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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El análisis económico contempla habitualmente como supuesto la racionalidad de quienes toman decisiones. Esto es, evalúan beneficios y costos, adoptando aquellas opciones que llevan a un mayor bienestar. La evidencia nos muestra, sin embargo, que muchas veces eso no ocurre. Como lo señala Sala-i-Martín en su libro “Economía en colores”, en una fracción significativa de decisiones predomina un enfoque más propio de Homero Simpson, con más guata que cabeza. Kahneman, psicólogo reconocido en 2002 con el Premio Nobel de Economía, apunta en esa línea, haciendo ver que la ignorancia, incongruencia e impulsividad dominan en una buena parte de las decisiones que se adoptan.

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En políticas públicas esto no puede ocurrir. Debemos darnos el tiempo suficiente para reflexionar y evaluar técnicamente las propuestas en este ámbito, teniendo como guía central los beneficios sociales. Las discusiones no deben estar marcadas por consideraciones ideológicas o emocionales. Precisamente el criterio técnico es el que debe primar en el debate en torno al proyecto de modernización tributaria, así como en la propuesta de pensiones recientemente anunciada. Estas son dos reformas claves y urgentes para Chile, por lo que no debemos desviarnos del foco central de cada una de ellas.

Respecto de la modernización tributaria, es importante poner como eje los efectos macro que genera y cómo impacta a las pequeñas empresas, entendiendo que no afecta los ingresos fiscales. A pesar de lo que han señalado algunos analistas, no hay duda alguna de que la propuesta conlleva un aumento de la inversión y, por tanto, del potencial de la economía. La evidencia empírica que captura apropiadamente la estructura tributaria, apunta sin ambigüedades a que reintegrar el sistema genera un impulso a la inversión en torno a 3%, lo que conduce a un incremento del crecimiento potencial de la economía, desde el 3% actual a 3,5%. Esto es clave para que Chile se acerque a ser un país desarrollado en el próximo cuarto de siglo, llevando a que esta aspiración no sea sólo un sueño, como sugirió la revista The Economist hace pocas semanas, sino que una meta alcanzable.

La reforma en pensiones, por su parte, también es una cuestión urgente. Bien sabemos que el actual sistema ha quedado rezagado en consideración de la nueva realidad demográfica, haciendo necesario elevar significativamente la tasa de cotización. Al mismo tiempo, las pensiones mínimas, lagunas previsionales y retiros anticipados por discapacidad son una marcada debilidad del actual sistema. Se requieren mayores recursos y es fundamental que éstos provengan de impuestos generales, a diferencia de propuestas anteriores que generaban fuertes distorsiones en el mercado laboral.

Es necesario avanzar a paso firme al mismo tiempo en otros ámbitos, como son calidad de la educación, donde estamos muy al debe, la salud pública, fomento a la investigación y desarrollo, fortalecimiento de la cultura, entre otros, que son dimensiones integrales del desarrollo. Para ello es necesario poner inteligencia y creatividad, usar bien los recursos, de forma de lograr avances sustanciosos hacia los próximos años.

Es importante, entonces, que las discusiones legislativas y el aporte de analistas estén fundados en la racionalidad, en la rigurosidad técnica. De otro modo, caeremos nuevamente en definiciones y propuestas que no contribuyen al bienestar social, sino que más bien restan. Pongamos entonces más cabeza en el debate, no sin pasión, pero con argumentos sólidos.

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