Sergio Lehmann

Pararse tras los golpes de una triple crisis

Sergio Lehmann Economista jefe Banco Bci

Por: Sergio Lehmann | Publicado: Lunes 7 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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Los desafíos que hemos enfrentado el último año quedarán marcados por siempre en nuestra historia. A fines de 2019 fuimos sacudidos por el estallido social, que hizo crujir los cimientos de nuestra sociedad. Junto con ello, hemos visto una profunda crisis política que se ve reflejada en una marcada polarización, ausencia de diálogo, mala evaluación ciudadana de las instituciones, y en una suerte de borrachera populista que arriesga daños económicos y sociales a mediano plazo. Todo esto, en medio de la crisis global más profunda en casi cien años, ante la obligación de haber establecido confinamientos por razones sanitarias de alcance mundial sin precedentes.

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Respecto de la crisis social, ha sido clave conducirla a través de la institucionalidad, llevando a cabo el proceso constitucional ya iniciado. El quórum que se ha establecido para cada artículo de la nueva Constitución provee una tremenda oportunidad para que los consensos y el diálogo se recuperen. Los sectores más radicales han buscado quebrar el requerimiento acordado, un signo inequívoco de que posturas extremas que buscan debilitar nuestra institucionalidad no encontrarían espacio en el nuevo marco legal. Aparece la opción entonces de reforzar los fundamentos de nuestra economía, sin desconocer la necesidad de robustecer el apoyo a los sectores vulnerables y obligar a un desarrollo social más inclusivo.

En respuesta a la crisis económica, el estudio reciente publicado por el Banco Mundial hace ver que el 47% de los hogares en Chile ha recibido algún apoyo del Estado. Reconoce que la pobreza subiría a 12% este año, desde 8% en 2019, pero que sin la masividad de las ayudas entregadas habría escalado hasta 18%. El análisis resalta el esfuerzo que se ha realizado para contener los impactos de la pandemia, fruto de la responsabilidad fiscal de las últimas décadas, que nos permitió constituir un fondo del Estado para enfrentar tiempos complejos.

Los desafíos hacia los próximos años apuntan a reducir con máxima rapidez el deterioro en las condiciones sociales que habrá provocado la crisis en una proporción relevante de familias chilenas. La actividad se irá recuperando gradualmente, pero el empleo lo hará a un ritmo menor, producto de los cambios culturales asociados al desarrollo de canales digitales y el mayor distanciamiento social que se sostendría. Fortalecer la capacitación de trabajadores y mejorar la educación de nuestros hijos son cuestiones prioritarias para enfrentar de forma exitosa un futuro con mayor acento digital y tecnológico, el que llegó mucho más rápido de lo que esperábamos.

Si bien el escenario global contribuirá a recuperar el dinamismo, los desafíos que se vienen son exigentes, frente a los cuales estamos muy lejos de estar bien preparados. La triple crisis que enfrentamos nos ha inclinado hacia el diseño de políticas populistas que han debilitado algunos pilares de la economía. Pueda ser, entonces, que a través de una nueva Constitución dejemos de lado la mala política y dispongamos de los espacios para ir adaptándonos al entorno más complejo, de forma flexible y cooperativa.

Cabe hacer ver que la pandemia llevó a que la innovación emergiera con fuerza, desafiando la forma en que operamos y nos organizamos. Destacan avances notables en el ámbito sanitario y tecnológico, que han establecido nuevos estándares para la investigación. Las múltiples oportunidades que, en consecuencia, se abren a nuestros ojos podrán hacer la diferencia de cómo nos veamos como país de aquí a unas pocas décadas.

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