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Sevicia

Padre Raúl Hasbún

Por: Padre Raúl Hasbún | Publicado: Viernes 9 de junio de 2017 a las 04:00 hrs.
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Padre Raúl Hasbún

Como sustantivo, significa crueldad inhumana, violenta, salvaje. Sus verbos propios son encarnizarse, ensañarse, cebarse, odiar, ensangrentar. Los expertos en lenguaje han recogido y plasmado en sus diccionarios las palabras que mejor describen el comportamiento del hombre cuando abdica de su atributo específico, la racionalidad. También los expertos en Derecho, horrorizados por tantas evidencias de brutalidad, acuñaron el término "delitos de lesa humanidad": del latín, "humanidad herida, dañada, injuriada". El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional ha tipificado como tales el genocidio, esclavitud, tráfico de personas, deportación, desaparición y prostitución forzadas, tortura, persecución racial, étnica o religiosa, apartheid. Llegará el día -ha llegado ya- en que el Derecho Internacional, si quiere ser respetado por su coherencia incluirá, en su acápite de "actos inhumanos que causen intencionadamente grandes sufrimientos o atenten contra la integridad física o la salud mental o física", el horrendo crimen del aborto legalizado. Tiene éste la igualmente horrenda particularidad de que se comete en tiempos de paz, bajo la responsabilidad, manto de licitud y financiamiento del Estado; y se dirige contra una parte de su propia población, cobrando la vida de centenares de miles de personas inocentes e indefensas, mutilando con ello las expectativas de rejuvenecimiento y progreso generacional, lesionando mental y físicamente a la mujer abortante, internalizando la violencia como derecho y medio legítimo para deshacerse de un problema, y desangrando el alma, cuerpo y concepto de "Nación" hasta convertirla en patíbulo y museo. Peor aún, este abominable crimen se enarbola edulcorado bajo el exultante eufemismo de "derechos humanos": expresión textual del Premier canadiense al felicitar a Michelle Bachelet por su acometividad abortiva.

La sevicia del aborto legalizado no se contenta con matar al inocente: lo hace, o permite que se haga, con la más refinada crueldad. El 29 de mayo se votó en la Comisión de Salud del Senado una indicación del senador Espina, para que en caso de que el bebé sobreviva al aborto (por lo que, al estar separado completamente de su madre tiene plena existencia legal como persona) el médico deberá resguardar siempre su vida e integridad física y psíquica. La indicación fue rechazada por 3 votos contra 2, con voto decisivo de Carolina Goic, presidenta de la Democracia Cristiana. Esta sevicia senatorial nos retrotrae al 18 de mayo de 1965, en que por Decreto del Presidente Frei Montalva se estatuyó que si el condenado a muerte sobrevive después del fusilamiento y el médico estima que sus heridas no son mortales o que está consciente y sufriendo, el médico indicará al Oficial que dispare nuevamente sobre el condenado (art. 12). Olvidó, la sevicia, que la pena de muerte fue abolida el 2001. E insaciable, se cebó en matronas y enfermeras, arrebatándoles su inviolable libertad de conciencia. Urge desalojar pacíficamente del Congreso a estos seviciosos.

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