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Shinzo Abe y su lucha con Xi Jinping

Gideon Rachman financial times

Por: Gideon Rachman | Publicado: Jueves 3 de septiembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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La era de Shinzo Abe también ha sido la de Xi Jinping. Los líderes actuales de Japón y China asumieron el poder con unas semanas de diferencia. Abe fue elegido como primer ministro de Japón en diciembre de 2012 a la edad de 58 años. Apenas un mes antes, Xi había sido nombrado secretario general del Partido Comunista Chino, a los 59 años.

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Esto fue más que una coincidencia. La tarea central de Abe, como la han descrito sus asesores más cercanos, fue fortalecer a Japón para hacer frente a una China cada vez más poderosa y autoritaria. El primer ministro japonés se va a retirar debido a problemas de salud, con su tarea incompleta. Ha jugado una mano difícil con cierta habilidad y determinación. Pero la incómoda verdad es que Tokio por sí solo no puede resolver el dilema estratégico de Japón. Al final, el destino del país dependerá de desarrollos políticos que están fuera de su control, en EEUU y en la China de Xi.

Durante la era Xi, ha quedado claro que China tiene la intención de convertirse en la potencia dominante en Asia, y quizás en el mundo. Lo que es preocupante para cualquier gobierno de Tokio es que el nacionalismo chino moderno está impregnado de un sentimiento antijaponés, que se remonta a la invasión de China y a las atrocidades cometidas por parte de Japón en la década del 30. Los dos países todavía tienen una disputa territorial, y sus aviones y barcos a menudo se desafían entre sí en torno a las islas que los japoneses llaman Senkaku y los chinos Diaoyu.

Cualquier primer ministro japonés que dé forma a una respuesta a una China en ascenso tiene que trabajar con materias primas poco prometedoras. La población de Japón está envejeciendo y disminuyendo, y la deuda nacional del país es colosal. La economía de China superó a la de Japón hace una década y continúa creciendo a un ritmo más rápido. Beijing está invirtiendo dinero en nuevos buques de guerra y misiles a un ritmo que Japón no puede igualar.

China también enfrenta un desafío demográfico, conforme envejece su propia población. Pero el hecho es que la población china es más de 10 veces mayor que la de Japón, y la asimetría de poder entre las dos naciones aumenta cada año. El sentimiento pacifista también está profundamente arraigado en Japón. Cambiar la Constitución japonesa para permitir que sus tropas luchen en el extranjero ha demostrado ser políticamente imposible de lograr para Abe.

Dadas estas realidades, sería tentador para un gobierno japonés adoptar una política de apaciguamiento con respecto a Beijing. Pero cualquier política de este tipo eventualmente tendría un alto precio para la libertad y la autonomía japonesas.

Nadie puede asegurar que las ambiciones territoriales de China se detendrán en las islas deshabitadas Senkaku-Diaoyu. Hay varios grupos de expertos y periódicos respaldados por el gobierno en Beijing que también han cuestionado la soberanía japonesa sobre Okinawa, que tiene una población de 1,4 millón y alberga la base militar más importante de EEUU en la región. En términos más generales, a muchos nacionalistas chinos les encantaría obtener una venganza simbólica por la década de 1930 relegando a Japón al nivel de un Estado tributario.

Entendiendo todo esto, Abe no ha hecho ninguna concesión en la disputa de las islas. Sabe que cualquier retroceso unilateral sería visto como un acto simbólico de sumisión en Beijing. Pero, aunque se ha mantenido firme con respecto a las islas, Abe ha logrado aliviar las tensiones con el Presidente Xi.

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