Susana Jiménez

Atrincherados

SUSANA JIMÉNEZ Consejera de Sofofa

Por: Susana Jiménez | Publicado: Viernes 18 de junio de 2021 a las 04:00 hrs.
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Cualquiera sea el indicador que se mire, Chile ha mostrado un enorme progreso en los últimos 30 años. Eso no obsta para que algunos –sobre todos los jóvenes, que no conocieron el Chile de ayer- consideren que ha sido insuficiente y que se requiere avanzar más rápido.

El problema es que, buscando igual puerto de destino (mayor bienestar y calidad de vida), se propone cambiar de barco y de rumbo. De paso, se culpa del retraso a parte de la tripulación, la que se habría “atrincherado” en ideas dogmáticas, oponiéndose por décadas a cualquier ajuste en la carta de navegación.

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El término “atrincherado” busca denunciar a un sector por mantenerse en una posición o en una actitud con exagerada tenacidad, lo que habría derivado en el malestar mayoritario de la tripulación. Si vamos a la sala de máquinas, sabremos que se trata de navegantes que creen en la libertad individual, la propiedad privada, la igualdad ante la ley, la libertad de elección y el poder limitado del Estado, y que su mayor pecado habría sido ser consecuentes con eso.

En el transcurso del viaje se han producido una serie de discusiones a bordo. Así, por ejemplo, este grupo de “recha” ha abogado por que las personas ahorren para cuando ya no tengan edad para embarcar, y que esos recursos sean administrados por entes privados, que han probado ser eficientes invirtiendo los ahorros y probos en el cuidado de los recursos. Pero la mayoría de sus compañeros opina lo contrario, de modo que quieren imponer un sistema colectivo, administrado por un ente público. Reconociendo su desventaja numérica, los primeros aceptaron destinar parte de los mayores recursos recaudados a un fondo colectivo, pero entonces sus compañeros quisieron ir por todo.

Otra discusión recurrente en el viaje ha sido el nivel de los impuestos. Los “atrincherados” quisieran mantener bajos los impuestos y exigirle mayor eficiencia al gasto público. Viendo que los gastos sólo han ido en aumento, han aceptado que no habrá más alternativa que elevar la carga tributaria. Piden, sin embargo, que la mayor recaudación se logre con impuestos no distorsionadores; pero, de nuevo, la mayoría prefiere proponer royalties desproporcionados, impuestos diferenciados y mayores tributos que afectan nuestra competitividad, ignorando la evidencia e indiferentes a las consecuencias.

Esto sólo pretende ilustrar lo difícil que es proponer y defender soluciones consideradas como “first best”. Constatando que no es posible convencer de ello a la mayoría, se ha debido ceder -por pragmatismo- a medidas consideradas “second best”. El problema es que, de igual forma, parece imposible introducir algún criterio de eficiencia ante un debate eminentemente ideológico. Concordar, por ejemplo, un ahorro colectivo, pero administrado por privados; un impuesto progresivo, pero que lo paguen todos; un seguro básico universal, pero complementado por un seguro privado; derechos de propiedad con plazo definido, pero inexpropiables; son todas opciones que están lejos de ser ideales, pero ni así encuentran piso para una conversación honesta en torno a ellas. ¿Quién está en la trinchera, entonces?

El resultado es un barco a merced de las olas. Usar instrumentos de navegación equivocados arriesga dejarnos a la deriva y, eventualmente, naufragar; en cambio, usar la brújula que ha dado resultados en Chile y el mundo podrá ser impopular, pero sensato. Llegar a puerto dependerá de las condiciones climáticas, las cuales hoy son inciertas, razón por la cual hay que afirmar bien el timón y trabajar con toda la tripulación a bordo para enmendar el rumbo.

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