Tomás Sánchez

La casa en llamas

Tomás Sánchez Autor de “Public Inc.”, Investigador Asociado de Horizontal

Por: Tomás Sánchez | Publicado: Jueves 5 de agosto de 2021 a las 04:00 hrs.
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Mientras la casa arde en llamas, sus inquilinos discuten qué uso darle. Cómo decorarla, qué habitación corresponde a cada uno y cómo organizar los gastos; importantes banalidades en presencia de tamaña catástrofe.

Durante la última década, cada año ha superado al anterior en el promedio de temperatura global. Como humanidad somos dignos medallistas olímpicos, al romper casi todos los años el récord que marcara el termómetro desde la última medición. Lamentable espíritu de superación.

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Y como de estadísticas no viven las personas y menos alimentan ambiciones políticas, bienvenidos los monumentos climáticos que destrozan nuestras vidas. Las pavorosas imágenes de inundaciones en Bélgica, Holanda, Alemania, India y China, que le han costado la vida cientos de personas, sólo podrían ser opacadas por las de familias escapando de sus casas en Turquía para evitar los incendios descontrolados.

Afortunadamente, como decía Camus, “todo tiempo pasado fue mejor”, no porque lo fuera, sino porque es más fácil olvidar lo malo que ha pasado. Un par meses atrás, haciendo eco de la película “El día después de mañana”, nevaba en el desértico estado de Texas, y su sistema eléctrico colapsaba. Es más fácil olvidar que Chile lleva más de 10 años de mega sequía, pero como nadie habla del tema y cuando abrimos la llave sigue saliendo agua, deben ser fake news.

Sin embargo, cientos de miles de personas en zonas rurales de nuestro país se enfrentan día a día a la falta de acceso a este recurso vital, que en su ausencia las expone a condiciones sumamente precarias. La megasequía ha aumentado desvergonzadamente el nivel de desigualdad, a pesar de que el coeficiente Gini no lo mida.

La crisis climática no es sólo un problema medioambiental; es también una crisis social, que afecta más severamente a quienes son más vulnerables. Cuando suba el nivel del mar, unos podrán cambiarse de casa, mientras que a otros no les quedará más que nadar. Por esto, es crucial ser capaces de combinar y mascar chicle al mismo tiempo. Mientras redactamos nuestra nueva Constitución, no podemos dejar de diseñar e implementar políticas públicas, ni menos aún de dilucidar cómo construir una sociedad y economía más sustentable.

Diseñar los incentivos para que cada uno construya desde su rol es la única herramienta que nos podría llevar a ser pioneros en toda industria con adjetivo de “sustentable”, desde Minería hasta Energía. Crear todo un nuevo sector de conocimiento para exportar al mundo. Y sobre esto hay buenas noticias: los últimos reportes dicen que está subiendo la demanda. NotCo es sin duda un gran referente, porque reemplazar la carne por productos vegetales no es una discusión de veganos, sino de ciudadanos. Una sociedad más sustentable se traduce en cambios para todos, que necesitamos implementar lo antes posible. Seamos conscientes de que los cambios necesitarías afectarán nuestras vidas y tenemos que votar por ello.

Estos cambios serán por las buenas o las malas. Lamentablemente, nos tenemos que autoimponer multas para no manejar borrachos, entonces esto tiene pinta de regulación para asegurar nuestra supervivencia. Por lo mismo, estoy esperando el día que nos querellemos contra la tropa de irresponsables parlamentarios que están bajándoles los impuestos a los combustibles fósiles, cuando debiéramos estar haciendo justamente lo contrario.

En tiempos en que un buen meme comunica más que un gran titular, no puedo dejar de recordar el que reza: “Si los árboles dieran wifi, todos estaríamos plantando varios al día… lástima que sólo den oxígeno”.

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