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Vacunar al mundo es una prueba de nuestra capacidad de cooperación

Martin Wolf © 2021 The Financial Times Ltd.

Por: Martin Wolf | Publicado: Viernes 19 de febrero de 2021 a las 04:00 hrs.
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Martin Wolf

¿Es posible afrontar una pandemia mundial en un mundo marcado por enormes desigualdades de riqueza y de poder? La respuesta pudiera decirnos cómo abordará el mundo el reto mucho más complejo del cambio climático. Lo que hemos aprendido de Covid-19, hasta ahora, es que el mundo ha mostrado más cooperación de la que muchos pudieran haber anticipado. Aun así, dado que estamos todos juntos en esta situación, no ha sido suficiente.

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El esfuerzo por vacunar al mundo no es la única prueba de nuestra capacidad de cooperación. Otra es la asistencia a los países en desarrollo más afectados, dado que entre 88 y 115 millones de personas volvieron a caer en la pobreza extrema el año pasado, según el Banco Mundial. Sin embargo, el programa de vacunas es una prueba de nuestra capacidad de cooperación egoísta, ya que el mundo no puede volver a la normalidad si la pandemia no se controla en todas partes.

Hasta ahora, los países con los recursos financieros y con la capacidad tecnológica han ganado. Según el rastreador de vacunas del Financial Times, hasta el momento se han administrado más de 178 millones de dosis a nivel mundial. Alrededor del 30% de ellas han ido a EEUU; el 23% a China; el 12% a la Unión Europea (UE); y el 9% al Reino Unido. India ha administrado sólo la mitad de las dosis del Reino Unido. Numerosos países en desarrollo no han administrado ninguna.

Este resultado era inevitable, cualesquiera que fueran las esperanzas de un mundo más cooperativo. Todos los gobiernos son primero responsables ante sus ciudadanos. Del mismo modo, las compañías comprometidas en la arriesgada empresa de crear vacunas prestarán mayor atención a las demandas de quienes tienen más dinero. Estas realidades no pueden ignorarse. Pero, ¿pueden trascenderse?

Ahora que se han desarrollado varias vacunas y obtenido la aprobación reglamentaria en un tiempo récord, el objetivo debe ser vacunar a la mayor cantidad de población adulta posible con la mayor rapidez posible. Debido a las mutaciones virales, ya se están desarrollando vacunas modificadas, aunque aún no se sabe con certeza cuántas personas necesitarán ser revacunadas y con qué frecuencia.

Por lo tanto, la lucha contra Covid pudiera convertirse en el comienzo de un programa de vacunación plurianual a una escala sin precedentes. O puede ser más bien un evento aislado. Si es lo segundo, parte de la nueva capacidad puede resultar útil en otras futuras campañas de vacunación. En cualquier caso, la necesaria ampliación de la capacidad de producción mundial es compleja, costosa y arriesgada; al igual que lo es la ampliación de la logística y del despliegue mundial de vacunas. Siendo realistas, muchos de esos riesgos y costos deberán ser asumidos por los gobiernos, en particular aquellos con la mayor capacidad financiera.

¿Cuáles son los principales obstáculos para la implementación de un esfuerzo global? De las discusiones con las personas involucradas, las respuestas parecen ser principalmente la escala y complejidad de la tarea, y la escasez de dinero, tiempo, capacidad organizacional y habilidad técnica, particularmente en torno a las nuevas vacunas basadas en el ARN (ácido ribonucleico) mensajero, o ARNm. Hay que tener en cuenta que no sólo los países en desarrollo han sido puestos al final de la cola, sino que los suministros también están limitados incluso para los que están al frente; la Unión Europea (UE) es quizás el ejemplo más destacado.

A pesar de todas estas dificultades, COVAX actualmente anticipa distribuir más de 2 mil millones de dosis este año. Nadie puede estar seguro de que esto realmente suceda, dada la complejidad del esfuerzo. Incluso si lo logra, seguirá siendo un enorme reto para 2022, si se ha de vacunar a todos los adultos del mundo. Deben gestionarse los procesos regulatorios; debe construirse una nueva capacidad de producción; deben crearse cadenas de suministro; y los productores de vacunas necesitan una indemnización contra el riesgo. Después, las vacunas deben ser distribuidas. Ésta es una tarea más compleja en los países en desarrollo, especialmente con las nuevas vacunas de ARNm, las cuales deben almacenarse en condiciones ultrafrías.

¿Cuán importante son los derechos de propiedad intelectual de las compañías como impedimento para aumentar rápidamente el suministro de vacunas? La respuesta parece ser: no mucho. Existen objeciones bien conocidas al sistema de patentes como medio para motivar la innovación: crea monopolios temporales, los cuales son costosos y pueden ser un obstáculo para la innovación en lugar de un estímulo. Existen buenos argumentos a favor de métodos alternativos para motivar la innovación. También existen argumentos a favor de la concesión de licencias obligatorias y del control del precio al que se conceden las licencias, sobre todo cuando los gobiernos han financiado gran parte de la innovación.

Sin embargo, según la ley actual (incluyendo la legislación comercial), la propiedad intelectual no es una limitación vinculante para la creación, producción y distribución de vacunas. Una vez que haya pasado la crisis, puede tener sentido reconsiderar estas reglas. Éste no es el momento de hacerlo.

Es difícil gestionar un reto tan global. Pero no puede ser imposible, especialmente porque es necesaria una acción a nivel mundial. También es una oportunidad para Joe Biden. El nuevo presidente estadounidense pudiera transformar la visión del mundo en relación con su país impulsando a los países del G20 a realizar un esfuerzo decisivo. Sus miembros principales deben proporcionar los recursos necesarios para acelerar la producción de suministros mundiales de vacunas.

El esfuerzo sólo necesita varias decenas de miles de millones de dólares más. El costo se ve eclipsado por la pérdida de producción económica debido a Covid-19, la cual yo calculo en US$ 6 billones en 2020 y otros US$ 4.4 billones en 2021, en relación con las previsiones prepandémicas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Poner fin a esta hemorragia de medios de subsistencia y de vidas es la prioridad. Eso sólo puede suceder si todos los seres humanos adultos están vacunados. El G20 ahora debe asegurar los medios.

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