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Columnistas

22/11/2016

Visita del Presidente Xi Jinping a Chile

  • Por Osvaldo Rosales

    China es el principal socio comercial de Chile. La visita del Presidente Xi Jinping es una gran oportunidad para reforzar la relación bilateral, en el marco de una propuesta estratégica de cooperación y desarrollo con China y con Asia Pacífico.

    El comercio creció de manera espectacular entre 2001 y 2014 pero las exportaciones caen desde 2015. Es el momento para mejorar la calidad de este vínculo, hoy demasiado concentrado en pocos productos básicos. El cobre representa el 60% o 75% de nuestras exportaciones a China, dependiendo de su precio. Con 3 ó 4 productos más, tenemos el 85% o 90% de lo que exportamos a China.

    Chile ha reforzado su vínculo con China, el motor de la economía mundial del siglo XXI y eso es una buena noticia. La mala noticia es que lo hacemos con una estructura exportadora del siglo XIX, concentrada en pocos commodities. Esta relación no es sustentable y debe ser modificada, so pena de replicar en el siglo XXI una nueva modalidad centro-periferia.

    Necesitamos diversificar producción y exportaciones. Allí China puede ser un aliado eficaz. La Corfo y el organismo chino de Promoción de Comercio e Inversiones (CCPIT) podrían trabajar un programa conjunto de detección de nuevas necesidades de importación en el oeste y suroeste de China, las zonas de menor desarrollo relativo pero hoy las de crecimiento más rápido. Ello facilitaría diversificar envíos en servicios, manufactura y en productos agrícolas sofisticados.

    Ello requiere políticas de industrialización mucho más activas que mejoren el financiamiento de las Pymes, sus tecnologías, certificación de calidad, capacitación y otras acciones que las hagan más competitivas y puedan exportar hacia China y Asia. Nuestro desafío es asumir con convicción una política industrial de siglo XXI, de economía abierta, reforzando el vínculo entre recursos naturales, manufacturas y servicios, con clusters asociados a nuestras ventajas comparativas. Está muy bien vender más cobre, vino o frutas a China, pero eso no es suficiente para el desafío de recuperar altas tasas de crecimiento y generar una dinámica exportadora más inclusiva.

    China busca ser una potencia tecnológica y científica en el 2020, logro que ya ostenta en varios campos. Es urgente detectar aquellas iniciativas conjuntas que permitan aplicar las nuevas tecnologías en nuestra agricultura, minería, pesca e industria forestal. Ayudaría desarrollar empresas mixtas o alianzas entre institutos de investigación de ambos países para agregar valor y tecnología a lo que exportamos. Esos avances tecnológicos en recursos naturales también son necesarios en la economía china para acompañar su proceso de urbanización y expansión de las clases medias.

    Los desafíos son compartidos. China debe conocer mejor las condiciones institucionales en que operan las políticas públicas en nuestra región. Para ello, podría constituir un Centro de Estudios sobre Relaciones China-América Latina, con sedes en Beijing y en la región, que le provea informaciones actualizadas y pertinentes al respecto y que aporte a la región la información sobre las respectivas políticas públicas chinas.

    Gobierno e instituciones empresariales podrían proveer a entidades chinas las oportunidades de negocios y las alianzas comerciales y tecnológicas disponibles, así como carteras de proyectos que faciliten una inversión china más diversificada y menos anclada en recursos naturales.

    Con una economía global con altos niveles de incertidumbre, la acumulación de reservas y los mecanismos financieros regionales para enfrentar shocks en balanza de pagos serán fundamentales. El vínculo de la banca de desarrollo regional y de los gobiernos de A. Latina con la banca china serán relevantes para reducir la volatilidad y evitar shocks negativos en crecimiento, empleo o balanza de pagos.

    La cooperación china en resguardar el crecimiento y en apoyar la modernización productiva y tecnológica puede jugar un rol muy destacado en los próximos años. Se requiere, sin embargo, una mejor coordinación regional o subregional para definir con mayor precisión las prioridades en el diálogo con China, así como los proyectos clave a impulsar en cada una de las subzonas de A. Latina.

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