Editorial

A dos años del 18-O

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El estallido de violencia del 18 de octubre de 2019 determinó el cuadro político y el itinerario institucional en que nos encontramos actualmente, y el segundo aniversario de ese día se cumple hoy ad portas de iniciarse un nuevo ciclo político, con la elección presidencial y parlamentaria de noviembre próximo. Puede que la mirada histórica sobre el 18-O aún deba esperar más tiempo, pero a dos años de los hechos, el juicio de los ciudadanos difícilmente puede ser positivo. Dos entrevistas en este diario -una el viernes pasado y otra hoy- dan cuenta de ese balance negativo, desde distintas perspectivas.

En una de ellas, un experto urbanista lamenta el legado de destrucción que dejó el 18-O —violencia que sólo se detuvo (parcialmente) debido a la pandemia, no a la acción del Estado, como bien señala—, y afirma sin dudarlo que “estamos peor que antes del estallido en materia de seguridad y segregación”. En la edición de hoy, en tanto, la ex directora de la ONG Observatorio Fiscal lamenta la oportunidad perdida para hacer cambios de fondo a nuestro capitalismo, “que no distingue entre la creación y la extracción del valor”.

Si bien sus respectivas visiones sobre las causas y significados del 18-O son distintas, en ambos entrevistados hay una evaluación compartida: no estamos mejor hoy que hace dos años y la culpa no puede atribuirse exclusivamente a la crisis de la pandemia. Sus críticas apuntan a las elites políticas y económicas, que no han estado a la altura de entender o canalizar -mucho menos de dirigir- los cambios por los que atraviesa la sociedad chilena hace años.

Al contrario, en muchos sentidos han impedido u obstaculizado esos cambios, e incluso agravado los problemas con respuestas equivocadas, o al menos cuestionables. De hecho, la más importante -el cambio de Constitución- está todavía lejos de justificar las esperanzas puestas en ella.

Más que discutir sobre cuál es la mejor forma de conmemorar esta fecha -como algunos proponen-, debemos garantizar que no se vuelva un lastre, sino una oportunidad de sacar lecciones.

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