Editorial

Argentina: ¿prudencia o radicalización?

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l pasado domingo en Argentina se celebraron las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para las elecciones legislativas de noviembre próximo. Estos comicios para renovar a la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado son habitualmente considerados una suerte de “plebiscito” sobre la gestión del Gobierno a mitad de su mandato, por eso la dura derrota del oficialismo en las PASO anteayer es leída como un probable adelanto de una redistribución del poder político en el Congreso en noviembre, lo cual marcará los dos años restantes de gestión de Alberto Fernández.

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En un primer nivel, las razones para la derrota oficialista tienen que ver con fallos concretos de la actual administración en el manejo de la pandemia, tanto desde el punto de vista sanitario (en contagios, muertes y vacunación el país se ubica mal a nivel internacional ), como político (la fiesta de cumpleaños de la primera dama en plena cuarentena detonó un escándalo que obligó a una disculpa presidencial).

Los fallos en el área económica, por otra parte, se miden en un índice de pobreza que ronda el 42%, inflación acumulada cercana al 87% en los 21 meses de este Gobierno, precio del dólar disparado en el mercado negro, acelerado déficit fiscal , y poco auspiciosas en cifras de crecimiento y empleo. Todo eso, sumado a la falta de un acuerdo para renegociar la deuda argentina con el Fondo Monetario internacional, explica que el riesgo país se cuasi duplicara en los últimos dos años hasta más de 1.500 puntos.

En un segundo nivel, lo anterior -y el voto en las urnas- apunta a un nuevo fracaso de la conocida apuesta peronista-kirchnerista por el estatismo clientelar de viejo cuño, y por un sesgo autoritario que no respeta la separación de poderes (por ejemplo , en los intentos de presionar a la justicia en los casos de corrupción que involucran a la vicepresidenta Cristina Fernández).

Aunque el contexto llama a la prudencia fiscal (y política), para el Ejecutivo los incentivos cortoplacistas son a aumentar el gasto público, aumentar el circulante y radicalizar el discurso. Estos dos meses dirán si resistió esa tentación.

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