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Editorial

Chile ante el shock externo

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os efectos del “lunes negro” que vivió ayer el mundo financiero son, a estas alturas, difíciles de cuantificar, por cuanto el panorama sigue siendo muy incierto. El fracaso en las conversaciones entre Arabia Saudita y Rusia para reducir la producción de petróleo se tradujo en un desplome en el precio del crudo, lo cual provocó una fuerte caída en la cotización bursátil de las empresas productoras de petróleo, y ello arrastró a las bolsas en su totalidad.

Sumado esto a los efectos que está teniendo la propagación del coronavirus, con impacto tanto en la oferta como en la demanda de una amplia gama de bienes y servicios en un número creciente de países, lo concreto es que las principales variables están reaccionando en forma adversa para Chile: el precio del cobre ha llegado a cotizarse en menos de US$ 2,5 la libra, anticipándose a una menor demanda -lo que se ha hecho extensivo a otras materias primas-; los mercados bursátiles siguen a la baja, deteriorándose el valor de las compañías; y el tipo de cambio ha alcanzado sus máximos valores históricos.

Lo que cabe hacer es prepararse para enfrentar un escenario objetivamente más negativo de lo previsto. Para los ahorrantes, lo menos aconsejable es tomar decisiones apresuradas que podrían agravar sus pérdidas. Esto aplica especialmente a los cotizantes en AFP que mantienen sus ahorros en fondos más riesgosos, y que se ven tentados a cambiarse a los fondos más conservadores (en el pasado esa estrategia no ha rendido). El Banco Central enfrenta una difícil encrucijada, por cuanto debe sopesar la conveniencia de introducir un estímulo adicional a la demanda interna con el efecto inflacionario que está teniendo el alza del tipo de cambio. Ya no parece justificarse intervenir con nuevas ventas de dólares, pues el fenómeno esta vez tiene raíces que una intervención puntual no va a resolver. Y en lo que respecta al Fisco, el nuevo cuadro aconseja ser especialmente cauteloso con el manejo de la deuda pública y evitar la sobrerreacción, por cuanto los mercados crediticios se tornan más sensibles en épocas turbulentas, y la situación de Chile ya muestra una tendencia preocupante.

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