Editorial

Convención Constitucional: señales que preocupan

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ustificadas o no, inmensas esperanzas están puestas en que la Convención Constituyente (CC) -inédita en nuestra historia e incluso referente mundial- producirá una Constitución en que todos los chilenos se siente representados. Generar esa nueva carta fundamental será una tarea ardua y compleja que requerirá no sólo de los mejores esfuerzos, sino de todos los esfuerzos, de los 155 constitucionales.

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Por eso fue una pésima señal que el primer tema que se debatió en esa asamblea ayer no tuviera nada que ver con la nueva Constitución, sino con una declaración sobre los llamados “presos de la revuelta”, detenidos por participar en destructivos desmanes y violentos choques con Carabineros durante las jornadas traumáticas del 18-O (desafortunadamente aprobada en segunda votación). Que los elegidos por la ciudadanía con la misión expresa y exclusiva de acordar la nueva Constitución de Chile la abandonen sin más para abocarse a asuntos que no son de su competencia, sino de otros poderes del Estado -Judicial, Legislativo y Ejecutivo-, es un mal anticipo de la actitud con que la Convención enfrentará su verdadero trabajo, cuando comience a hacerlo.

Sumado al infortunado inicio del domingo y las inexcusables fallas de instalación el lunes, los roces de esta semana a propósito de procedimientos internos de la Convención -con cuestionables errores durante las votaciones- no han contribuido en absoluto al clima de entendimiento y cordialidad que debe primar entre sus miembros. Si bien es cierto que algunos traspiés en esta etapa inicial son inevitables, como reconoció ayer el vicepresidente de la CC, no pueden ocurrir a costa de la confianza de los propios convencionales (o de los ciudadanos) en la institución que están ayudando a crear.

Existen, además, obvios intentos de politizar el proceso, como la acusación constitucional contra el ministro de la Segpres, que involucra al Congreso en problemas de la CC. En cuanto a la noción de “hacer caso omiso” del quórum de 2/3 para aprobar las normas de la Convención, planteada por convencionales comunistas, es simplemente alarmante.

La CC debe respetar las reglas que la rigen, recuperar el foco y centrarse en su misión; esa es su única responsabilidad.

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