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Editorial

Economía alemana

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sta semana se confirmó que la primera economía europea está viviendo momentos complejos. La oficina de estadísticas alemana informó el dato del PIB del segundo trimestre el que arroja una caída del 0,1%. El país ya esquivó este escenario a finales de 2018 y cerró el año con un PIB plano, en el 0%, tras haberse reducido un 0,2% entre julio y septiembre del año pasado.

¿Qué le pasa a Alemania? El mal comportamiento de las exportaciones es el principal factor en esta contracción de la economía: cayeron un 1,3%. Se suma un problema de expectativas. El índice de confianza de los empresarios alemanes en agosto cayó a su nivel más bajo desde noviembre de 2012. La OCDE anunció ayer que el llamado club de las 36 economías más desarrolladas avanzó 1,6% en el segundo trimestre del año, respecto al mismo periodo de 2018.

La UE creció en el trimestre un 1,3% interanual, mientras que la eurozona un tibio 1,1%.

La dañina dinámica comercial entre EEUU y China está teniendo ya efectos visibles en la economía mundial. Al nerviosismo germano se suma el Brexit, las tensiones de Hong Kong que se han recrudecido, Italia y su crisis política y mercados financieros volátiles.

Los resultados alemanes deberían ser una señal de alerta para los líderes mundiales sobre los nocivos efectos de una guerrilla comunicacional y el duelo comercial que están librando.

Empresas como Henkel y Continental han tenido malos resultados en los últimos trimestres y denuncian que el factor geopolítico les está afectando.

Así, la presión crece para que el gobierno de Angela Merkel ponga en marcha planes de estímulo económico, pero el Bundersbank, el banco central alemán, no piensa lo mismo. Mientras el ministro de Finanzas de Merkel, el socialdemócrata Olaf Scholz, anuncia paquetes de alivio financiero, desde el Bundersbank aseguran que “no hay motivo para el pánico” y ha alertado de los riesgos de sucumbir al pesimismo económico.

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