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Editorial

Educación técnica y gratuidad

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Uno de los requerimientos más importantes de las empresas y un requisito clave para avanzar en productividad y mayor crecimiento en los países es contar con una base amplia de trabajadores calificados.

Para ello, la educación técnica es crucial. La academia, la investigación, el pensamiento crítico y el avance de las ciencias son, por cierto, factores sustanciales en el desarrollo de las sociedades, tanto como un capital de trabajo especializado, con conocimientos técnicos de avanzada y capaz de realizar un eficiente uso de herramientas crecientemente sofisticadas.

Un avance en el camino de este desafío es potenciar la educación técnico profesional, con instituciones educativas sólidas, académicos bien calificados, investigación e infraestructura adecuada a las necesidades del aprendizaje.

Este año se incorporó hasta el 60% de la población de menores ingresos a la gratuidad en educación. Se trata de una política que, en su vertiente universitaria, generó un profundo debate, especialmente respecto de si corresponde o no para los sectores con más recursos. En el caso de los alumnos de los centros de formación técnica (CFT) y los institutos profesionales (IP) parece existir un consenso más transversal sobre los beneficios que conlleva, tanto para los estudiantes que se verán favorecidos como por el impacto que pueda tener en la actividad económica.

Según cifras del Ministerio de Educación, este año, el 54,2% de quienes accedieron a gratuidad estudiará en un CFT o IP (52.821 alumnos), mientras que 45,8% (44.652 estudiantes) está matriculado en una universidad. Del total, 62,5% proviene de regiones distintas a la Metropolitana.

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