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Editorial

El juicio a Trump y las instituciones de la democracia

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n sus casi dos siglos y medio de historia, la democracia más antigua del mundo sólo ha enjuiciado a dos Presidentes de la República —Andrew Johnson y Bill Clinton—, en ambos casos sin éxito por no alcanzarse la mayoría de dos tercios en el Senado que se requiere para una condena. Sólo Richard Nixon estuvo cerca de un juicio político (impeachment) que casi con certeza lo habría sacado del cargo tras el escándalo de Watergate, pero lo evitó en 1974 con la única renuncia a la Presidencia que se registra hasta la fecha.

La forma excepcional en que Estados Unidos ha recurrido a esta vía extrema para resolver las crisis de su historia republicana es, por sí sola, una muestra elocuente de la fortaleza de sus instituciones democráticas. El que nunca un impeachment haya resultado en la destitución de un Mandatario es otra.

Debido a estas razones, el juicio que la Cámara de Representantes de mayoría demócrata ha votado iniciar contra el Presidente Donald Trump –y en el cual se prestan varias declaraciones esta semana- debe medirse por lo que significa para la buena salud del sistema político norteamericano. Desafortunadamente, la personalidad conflictiva y el comportamiento en ocasiones inaceptable del actual gobernante dificultan una evaluación desapasionada de los cargos que se le imputan, y que pueden resumirse en abuso de poder. Al mismo tiempo, la crispación y polarización del cuadro político estadounidense, por causas que anteceden con creces a la llegada de Trump a la Casa Blanca, hacen de éste un enfrentamiento que es partidista/electoral a la vez que social/cultural, con un potencial negativo en distintos niveles para la vida nacional.

Ése será precisamente el desafío para las instituciones y los actores involucrados en este proceso contra Donald Trump: garantizarle al país que sean los hechos probados, y no las percepciones ni las agendas de partido, los que determinen el resultado, sea cual sea. Lo que está en juego es mucho más que la victoria o derrota de cualquier sector político en la próxima elección.

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