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Editorial

El primer aniversario de Ñuble

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uestra edición de hoy consigna el primer año de existencia de la Región de Ñuble, cuya creación fue defendida por sus impulsores, fundamentalmente, como una respuesta efectiva a los desafíos en descentralización y desarrollo regional. Sin duda un año es muy poco tiempo para evaluar con certeza si estas expectativas tenían asidero o no, pero hasta ahora el cambio de status administrativo no ha traído mejoras apreciables.

Por cierto que Ñuble nació siendo una de las zonas del país con indicadores socioeconómicos menos auspiciosos. Por ejemplo, es la segunda región con más pobreza después de La Araucanía (16,1% versus 8,6% para el país, según la Casen 2017) y tiene uno de los más bajos índices de ocupación, lo que no ha mejorado. De hecho, el desempleo se elevó a 9,8% y el ingreso mensual de los ocupados es el peor del país. Los indicadores en salud y envejecimiento de la población (la segunda del país en número de adultos mayores de 65 años) son igualmente preocupantes. En ese contexto, la nueva comisaría, el Centro de Salud Familiar y algunos caminos que se inaugurarán esta semana parecen poca evidencia de un impulso importante.

Consciente de lo anterior, el gobierno central anunció un plan de desarrollo de más de US$ 5 mil millones en ocho años para infraestructura vial, obras hídricas, salud, educación y otras áreas, lo cual si bien será bienvenido por una región hambrienta de recursos, resulta paradojal desde el punto de vista de la descentralización. Por otra parte, la falta de claridad que aún existe respecto del marco institucional que regirá a las nuevas autoridades regionales electas a partir de 2020, suma nuevas interrogante sobre las perspectivas de desarrollo de Ñuble en el corto plazo.

Es de esperar que, con el correr del tiempo, el estatuto de región autónoma traiga los beneficios que muchos esperaban para Ñuble. En el intertanto, el esfuerzo por impulsar su desarrollo debe perseverar.

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