Editorial

En política, como ante la pandemia, prudencia y responsabilidad

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En un escenario económico como al que nos tiene acostumbrados la combinación de estallido violento y pandemia del último año y medio, nuestra edición del jueves pasado merece calificar como “positiva”, en vista de algunas alentadoras (con resguardos) cifras y dinámicas de semanas recientes.

Sin duda, el principal impulso para un relativo optimismo lo entregó el Banco Central en su primer IPoM de año, que estima un crecimiento del PIB en un rango de 6% a 7%, superior al 5,5%-6,5% de diciembre pasado. Los argumentos para esa apreciación son claros: un buen inicio 2021 para la economía mundial, estímulos “sin precedentes” vía programas fiscales y política monetaria, y un ágil proceso de vacunación hasta la fecha.

Tanto un impacto de la crisis menor a lo anticipado para empresas y personas, como la positiva adaptación de ambas al cuadro de restricción sanitaria, son buenas noticias a ojos del Central. A lo cual podría agregarse un reciente análisis privado consignado en este diario según el cual las mayores empresas del país empezaron a recuperar rentabilidad a fines del año pasado.

¿Posibles resguardos? Desde luego, la evolución de la pandemia, que el reciente peak de contagios ha convertido en incierto, pese al buen despliegue de la vacuna contra el Covid-19: las nuevas medidas de cuarentena a escala nacional son una respuesta a aquello. Y sin duda el desempleo sigue provocando ansiedad, pues se mantiene en niveles obstinadamente altos (sobre el 10%).

Sin embargo, el riesgo de sobresaltos (¿descalabros?) es igualmente alto, tal vez más, en el plano político, donde las dinámicas electorales, las agendas personales y los enfoques populistas pueden tener efectos perniciosos en lo económico como en lo político. Las iniciativas parlamentarias con vicios constitucionales son un claro ejemplo de ello, como también el intento de vincular el cambio de fecha de los próximos comicios con concesiones legislativas de parte del Gobierno, o la continuación de la violencia urbana.

La prudencia y la responsabilidad, esenciales para vencer al coronavirus, lo son también para enfrentar los desafíos políticos del país.

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