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Editorial

Estado moderno: el “quién” y el “cómo”

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l ministro de Hacienda y el director del Servicio Civil, a través de una columna publicada en el diario El Mercurio esta semana, pusieron un necesario acento —aunque sin el igualmente necesario sentido de urgencia— en una dimensión clave de la agenda de modernización del Estado anunciada por el gobierno en julio de 2019, como son los funcionarios públicos.

Ambas autoridades comprometen el envío de un proyecto de ley “para construir un nuevo empleo público, que contribuya a generar más confianza y combatir la crisis de legitimidad de las instituciones”, y se plantean el objetivo de “nuevas reglas de juego (donde) primen el mérito, la integridad y la igualdad de oportunidades durante todo el ciclo de vida laboral”.

Son buenos propósitos, y sin duda especialmente oportunos, porque la insatisfacción de los chilenos con la calidad de los servicios del Estado es parte del análisis sobre la actual crisis. En la provisión de esos servicios los funcionarios juegan un rol crucial, y es correcto poner el foco en mejorar los procesos de selección para que en los ascensos primen el mérito y la capacidad, y no las redes y la ayuda de terceros.

Los propios funcionarios, en una consulta interna del Servicio Civil, perciben que esto último sigue siendo un factor de relevancia a pesar de avances como el sistema de Alta Dirección Pública, que ya data de 2003. Tan importante como el mérito, además, es distinguir entre los trabajadores del Estado y los nombrados por el gobierno de turno —Chile estudia el modelo de Nueva Zelandia, dice el director del servicio—, o flexibilizar los diseños institucionales y las formas de hacer carrera dentro del Estado.

En suma, no sólo la selección y la preparación de quienes entran al servicio del Estado admiten mejoras; también hay que repensar cómo funcionan ellos y sus instituciones al servicio de los ciudadanos. Por diversas razones, este es un desafío sobre el cual sucesivos gobiernos han hablado mucho y, en la práctica, logrado poco. En la desconfianza de los chilenos con su Estado se ven las consecuencias.

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