Editorial

Estados Unidos, China y la nueva “Guerra Fría”

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n el plano internacional, la prolongada guerra comercial entre Estados Unidos y China está generando una “nueva normalidad” en que la incertidumbre es la regla. En especial las acciones del Presidente Donald Trump hacen difícil, si no imposible, adelantar escenarios sobre los cuales proponer un análisis de corto o mediano aliento. Incluso plazos en teoría perentorios —como el del 15 de diciembre próximo, cuando debería entrar en vigor la nueva fase de aranceles norteamericanos contra productos chinos— están aparentemente sujetos a otras lógicas. Sólo así cabe interpretar su afirmación de que “no tengo plazos, no. A veces creo que con China es mejor esperar hasta la elección (presidencial de noviembre de 2020)”, la misma semana en que dijo “voy muy bien con el acuerdo con China, si yo quisiera hacerlo”.

La incertidumbre también tiene otras fuentes, además del liderazgo de la Casa Blanca. Por ejemplo, las críticas de Washington al manejo de las protestas pro democracia en Hong Kong o al tratamiento chino de las minorías musulmanas son recibidas en Beijing como obstáculos a la cooperación bilateral en áreas clave, entre ellas la comercial.

Diversos analistas han señalado que estas y otras situaciones de fricción ilustran que lo que enfrenta a ambas potencias es mucho más que las condiciones de su comercio bilateral. Se trata de encontrar —en rigor, de inventar— un nuevo alineamiento geopolítico que dé cuenta del nuevo rol de China como segunda economía mundial y de su ascenso como potencia global. Un nuevo tipo de “Guerra Fría”, han sugerido algunos, con muy baja probabilidad de un choque armado entre ambas superpotencias o sus aliados, pero con un alto potencial de conflicto en otras dimensiones: comercial, monetaria, diplomática, energética, medioambiental, etc.

Sin duda es deseable que Washington y Beijing resuelvan cuanto antes un conflicto arancelario que impone costos elevados a la economía mundial, pero aun si lo consiguen, ello no pondrá fin a lo que es, en esencia, la configuración de un nuevo equilibrio de poder.

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