Editorial

Fijar precios: una pésima idea

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dvirtiendo que se trataría de una "medida excepcional para tiempos excepcionales", y sólo "mientras dure la pandemia", el alcalde de Santiago ha pedido al Gobierno que fije los precios de los alimentos básicos de la canasta de ayuda, para supuestamente evitar una escalada alcista que impida comprar la cantidad suficiente para los vecinos que las necesitan.

Está probado que la mejor forma de combatir al especulador no es fijando los precios del mercado, sino asegurando que éste sea más transparente, más libre y más competitivo.

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Precisamente, una estrategia de la especulación de precios es restringir en forma artificial la oferta de un bien para hacer subir su valor, que es lo que se consigue al establecer un sistema de precios fijos.

Así, lo que rebate al alcalde no es la abstracta teoría económica, sino la costosa experiencia y, por cierto, la evidencia actual, más cercana de lo que él parece entender. Además de nuestra propia historia, los miles de ciudadanos venezolanos que hoy viven en su comuna también podrían explicarle al edil cómo el sistema de precios fijos del régimen bolivariano no lleva a un mejor y más amplio acceso a bienes básicos, sino al revés: largas, cotidianas y frustrantes filas para comprar los pocos productos disponibles a precios regulados, y la venta de esos mismos bienes a precios desorbitadamente inflados en un mercado negro donde no faltan (para quienes pueden pagarlos). El resultado es la escasez, con un corolario en apariencia insoslayable de corrupción estatal y delito privado.

El sector político al que representa el alcalde de Santiago comprende, y por ello rechaza, estas intervenciones. No por dogmatismo ideológico, sino por la convicción de que ellas tienen concreción real en el funcionamiento del sistema económico —en los hechos, no en la teoría— y, en definitiva, en las vidas de las personas. Lo contrario sería dar la razón a quienes usan una retórica alarmista e irresponsable para acusar al Gobierno de infligir "hambre" a la población a causa de la emergencia sanitaria, con la clara intención de revivir un clima social análogo al del 18-O.

El oficialismo debe calificar y enfrentar esta propuesta como lo que es: una pésima idea.

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