Editorial

Impuesto “a los ricos”: más atractivo que eficaz

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unque sin urgencia, se debate en el Congreso la iniciativa opositora que propone recaudar, por una única vez, un impuesto de 2,5% a los patrimonios por sobre los US$ 22 millones, con el objetivo de aunar mayores recursos para enfrentar el golpe económico de la pandemia. En vista de la histórica contracción de 14,1% en el PIB del segundo trimestre informada ayer por el Banco Central, una idea como ésta —que también se ha vuelto a plantear en otros países, aunque muy pocos— podría eventualmente sumarse al arsenal de medidas de emergencia ante la crisis del Covid-19.

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No obstante, es bueno mirar con perspectiva una medida que —cuando cobra fuerza el discurso de la desigualdad como explicación de muchos males económicos— puede sonar más atractiva de lo que la experiencia comparada demuestra. Por ejemplo, en otros países donde se ha puesto en práctica, muchos de los cuales la han posteriormente derogado, la recaudación resultó ser sustancialmente menor de lo anticipado por sus impulsores, además de clara evidencia de ser un desincentivo a la inversión. Sólo tres países de la OCDE mantienen actualmente este impuesto.

Por otra parte, hay entendibles críticas a la mala calidad de la técnica legislativa que sustenta el proyecto, con ambigüedades sobre aspectos clave que se suman a omisiones en otras áreas: cálculo del patrimonio, estimación de deudas, castigos por eventual infracción, entre otras deficiencias. Así lo ha hecho ver en este diario un grupo de expertos políticamente diverso, que en general lamentan que se privilegie la retórica por sobre los datos empíricos. Algo similar ocurrió en la reciente discusión del retiro anticipado de los ahorros en las AFP, cuando fue ignorado por parlamentarios de oposición y gobierno el transversal consenso técnico de los expertos en rechazo de la medida.

Si se trata de tener impuestos más progresivos, otro consenso técnico es que hay amplio espacio para perfeccionar nuestro sistema tributario. Pero eso requiere un enfoque menos simplista y con mayor visión de futuro que el solo exigir “que paguen más los ricos”.

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