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Editorial

Inflación y remuneraciones

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El INE dio a conocer la semana pasada dos importantes indicadores, que vuelven a recordarnos lo lento del andar de nuestra economía, más allá del resultado particular del Imacec de febrero. Estos son el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo y el Índice de Remuneraciones (IR) de febrero.

Respecto al IPC, si bien no tuvo mayor novedad, la continua baja en sus indicadores subyacentes -aquellos que excluyen los productos más volátiles como alimentos y energía- es la evidente contracara de una economía lenta, con un último trimestre de 2016 sorprendentemente débil y un comienzo de año aún más mediocre de lo anticipado. A lo anterior se suma un tipo de cambio relativamente estable, con un peso aún bastante más apreciado de lo que se observó a comienzo de 2016 cuando éste superaba ampliamente los $ 700, lo que tiene una gran incidencia, especialmente en los precios de los transables, que en 12 meses aumentaron solo 2,2%.

Respecto al IR, se registró un caída de 0,4% respecto al mes anterior, lo que en términos reales, es decir al tomar en cuenta la inflación, corresponde a una caída de las remuneraciones de 0,6%. Así, en 12 meses las remuneraciones de los asalariados habrían crecido solo un 1,4% sobre el IPC. Cifra muy lejana a lo observado por ejemplo en 2013 cuando en algunos meses se superara el 5%. Si a esto se le suma la persistente caída en las horas promedio trabajadas, la menor creación de empleo, y la composición de los nuevos empleos, prácticamente en su totalidad por cuenta propia, no queda más que concluir que la masa salarial se ha estancado, o incluso ha comenzado a retroceder, lo que trae preocupaciones respecto a lo que viene en materia de consumo, el que hasta ahora ha mantenido el PIB creciendo frente a la caída de la inversión.

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