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Editorial

La decisión del Banco Central

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l denominador común de las reacciones que ha habido luego de la decisión del Banco Central de reducir la tasa de política monetaria es que “sorprendió” al mercado. A pesar de que actuar “sorprendiendo” no forma parte de las normas de conducta habituales del instituto emisor -ni es tampoco la más eficiente-, ello no significa que siempre tenga que actuar adaptándose a lo que el mercado piensa. Su propio presidente calificó esta decisión como “una acción inusual ante inusuales circunstancias”.

Lo que el Banco Central debe hacer permanentemente es ir entregando señales que hagan creíble su política en cuanto a mantener anclada la tasa de inflación en el rango de 2% a 4%, centrada en el punto medio. Y es esto lo que hizo en esta oportunidad, tomando en cuenta que la brecha entre el PIB potencial y el PIB efectivo se había ampliado, que la medición de inflación que surge de una canasta de consumo más actualizada ha venido entregando valores más bajos, y que lo que se entiende por tasa de interés neutral en las actuales circunstancias de la economía mundial es también inferior.

Considerando que la decisión del viernes pasado tuvo lugar en un contexto en que las proyecciones de crecimiento se ajustaron a la baja -en línea con lo que el mercado ha venido anticipando-, sumado a que el gobierno ha estado anunciando acciones orientadas a cambiar las expectativas, resulta casi inevitable concluir que esta medida constituye una pieza más para apuntalar la actividad económica.

Sin desconocer que esta baja en la tasa de interés -cuyo objetivo básico es hacer converger la tasa de inflación a su nivel meta en el horizonte de política- va a contribuir en esa dirección en el transcurso de los próximos semestres, lo que no se puede perder de vista es que la capacidad de crecimiento de la economía no depende de la magnitud del impulso monetario -ni tampoco fiscal-, sino que de los aspectos fundamentales vinculados a empleo, inversión y productividad.

No hay que pedirle al Banco Central lo que no puede hacer. Esta es tarea de las empresas y de los actores políticos, que deben legislar creando las condiciones para ello.

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