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Editorial

La Ley Uber por mal camino

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ste diario ha sostenido que las posibilidades que tiene Chile de sumarse provechosamente a la cuarta revolución industrial dependen, en medida importante, de cuán bien se calibre la regulación de las diferentes actividades de la nueva economía: aplicaciones de transporte, servicios de delivery, empresas FinTech, plataformas digitales, sistemas de pago, e-commerce, etc. La llamada Ley Uber, que busca normar servicios que están revolucionando el transporte urbano en todo el mundo, es un temprano ejemplo de este tipo de legislación, que la disrupción tecnológica hará cada vez más necesaria y frecuente en el futuro.

Sin embargo, el avance de esta ley tras su paso por la Cámara de Diputados, donde la iniciativa presentada por el gobierno recibió numerosas indicaciones, no es auspicioso.

La versión que ingresa al Senado derrota en muchos sentidos el propósito que debería animar a las nuevas regulaciones, que combina la comprensible necesidad de fijar reglas para actividades económicas crecientemente relevantes, con la de dejar espacio a la continuada innovación que estimule la competencia y mejore la calidad en beneficio de los consumidores.

En servicios de la naturaleza específica de Uber, Cabify y otros —organizados en torno a la libre disponibilidad de oferentes y usuarios—, atenta contra lo anterior fijar límites de operación por área geográfica, exigir registros cerrados de conductores y pedirles certificación profesional, prohibir los viajes compartidos, restringir los tipos de vehículo, plantear sanciones por seguir una “ruta ineficiente”, o permitir que la autoridad establezca las tarifas en situaciones puntuales, entre otras medidas que incluye el proyecto modificado.

Todo hace presumir que, en ausencia de refutaciones técnicas a estos puntos, ha surtido efecto en el trámite legislativo la presión de grupos de interés reacios a enfrentar la competencia de nuevos oferentes y plataformas tecnológicas. Esto arriesga limitar el potencial de desarrollo de estos nuevos servicios y, por ende, sus beneficios para todos los consumidores.

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