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Editorial

Los ciudadanos y la nueva Constitución

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El proceso constitucional siempre fue defendido por sus partidarios como un necesario ejercicio de reivindicación ciudadana de la carta fundamental. Según esa mirada, la actual Constitución, a pesar de sus muchas y profundas reformas desde el texto original de 1980, para algunos sigue siendo un documento acordado en dictadura entre grupos de poder, sin participación de los ciudadanos a los que debe representar (se considera que habría sido ilegítimo el plebiscito que la aprobó ese año).

Aunque discutible, esa convicción fue determinante en la alta participación de los chilenos en el plebiscito constitucional de 2020 y en su decisión de virtualmente marginar de la resultante Convención a los partidos políticos. El triunfo del Apruebo fue celebrado desde esa lógica: la ciudadanía sería instrumental en la redacción del nuevo texto constitucional.

Ese objetivo de participación y compromiso ciudadanos con la futura Constitución parece hoy más importante que nunca, considerando las justificadas críticas que se han hecho al trabajo de la Convención Constitucional (CC), y a las cuales la nueva mesa directiva elegida anteayer no debe hacer oídos sordos. El ánimo refundacional y poco dialogante de un número significativo (si no mayoritario) de los convencionales podría verse moderado, al menos en parte, si los ciudadanos aportan ideas y perspectivas frescas al debate.

Para ello, las Iniciativas Populares de Norma -que puede presentar toda persona mayor de 16, sobre cualquier ámbito, y que requieren 15.000 firmas de apoyo para ingresar al temario de la CC- son un mecanismo valioso. Las cerca de 600 ya inscritas en la plataforma online y los más de 300 mil apoyos registrados entre ellas sugieren que hay interés, pero que hasta ahora sólo tres hayan reunido las firmas necesarias apunta a que su efecto arriesga ser muy limitado, dado que el plazo para recabar firmas vence el 1 de febrero.

La sociedad civil tiene aquí un desafío de proporciones, pero también lo tienen los partidos, que no deben abdicar el rol de representarla. Sería una lamentable paradoja que, invitados a expresarse en un debate que ellos mismos propiciaron con entusiasmo, los chilenos optaran por restarse.

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