Editorial

Los ojos puestos en la Convención

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El desafío de ayer era que la inauguración de la Convención Constitucional fuera un momento de unidad republicana; de reconocimiento de que, desde su diversidad, los chilenos representados en los 155 convencionales comparten el anhelo y el proyecto de construir juntos una Constitución que nos represente a todos. Ese, por lo demás, es su encargo, y no otro.

Por eso es lamentable que el inicio de la ceremonia fuera empañado, y debiera suspenderse temporalmente, por choques entre encapuchados y la fuerza policial que se han vuelto un infaltable -y alarmante- ingrediente de nuestra vida pública. Así, en lugar de unidad y espíritu cívico, algunos nuevamente insistieron en explicar la respuesta de Carabineros como causante de la violencia, cuando en realidad se trata de su inevitable consecuencia.

Por desgracia, buena parte de los convencionales reflejó ayer esa misma dinámica que empobrece nuestra vida cívica y que se manifestó en las pifias y abucheos durante el himno nacional, que debió ser interrumpido. Desde luego que eso es mucho más grave que una indecorosa falta de protocolo: sugiere poca disposición (incluso rechazo) a vernos unos a otros en aquello que nos une, que es el país que compartimos y para el cual hemos definido redactar una nueva carta fundamental.

Pero si bien ayer hubo gestos que resaltaron diferencias y divisiones, al menos al comenzar la jornada, el trabajo de la tarde procedió ordenadamente. Aun así, las reiteradas votaciones para elegir a las primeras autoridades de la convención parecen anticipar una tónica marcada por la dificultad para llegar a acuerdos; en cuanto al compromiso de abordar la situación de los mal llamados “presos políticos”, queda por completo fuera del ámbito de la convención, pues ese tema corresponde a otro poder del Estado e insistir en ello enviaría una pésima señal respecto del sentido de su misión.

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