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Editorial

México en aprietos

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esde todas partes —el FMI, las calificadoras de riesgo, los mercados bursátiles, los bancos de inversión— surgen señales de que México se encamina hacia un empeoramiento de su ya alicaída situación económica, a algo más de seis meses de la asunción del Presidente Andrés Manuel López-Obrador (AMLO). En el Palacio de gobierno, sin embargo, tanto las cifras actuales como las proyecciones son descartadas como erróneas, o incluso malintencionadas.

Así, mientras el FMI proyecta un escuálido crecimiento de 0,9% para 2019, el Presidente espera un 2%, contradiciendo la opinión de su propio equipo económico. Parte de la pesimista proyección del Fondo se debe al alza en los costos de financiamiento en México (que en términos generales van a la baja en el resto del mundo), a su vez producto de la peor calificación del riesgo país, que las agencias explican en parte importante por una actitud personalista del Mandatario que siembra incertidumbre en los mercados y ahuyenta la inversión. De esta forma, la contracción de 0,2% en el primer trimestre podría ser de 0,3% en el segundo, según ciertas estimaciones, lo que colocaría oficialmente a México en recesión técnica.

Sólo la moneda muestra niveles de fortaleza, pero eso se debe a que el Banco Central mantiene las tasas de interés en máximos de una década, mientras “la economía cae en picada”, según lo describe la agencia Bloomberg. El Presidente, en tanto, anuncia que “ya no vamos a usar el crecimiento como único parámetro”, sin especificar en qué variable basará su análisis de ahora en adelante. Una serie de controvertidas medidas —cancelación del nuevo aeropuerto, prohibición a privados de participar en licitaciones petroleras, amenaza de querellas contra los operadores de gasoductos, entre otras— ha sido el sello de una gestión peligrosamente desdeñosa de las instituciones, mientras se paraliza la inversión, se desploma la producción industrial y cae el gasto de los consumidores.

Para la segunda economía de América Latina, un escenario tan preocupante como innecesario. Para la región, otro ejemplo del costo económico del liderazgo político personalista.

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