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Editorial

Nuevo Congreso, nueva oportunidad

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a elección parlamentaria del domingo dio como resultado un Senado con una distribución más o menos equitativa en el eje izquierda-derecha, con una Cámara de Diputados mucho más fragmentada. Esto, debido a la irrupción de nuevas fuerzas políticas -como el Partido de la Gente o Republicanos, entre otros-, y la renovación de 90 de los 155 escaños.

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Cabe destacar que ninguno de los dos candidatos presidenciales que van al balotaje cuenta con una "bancada propia" que le asegure mayoría a sus proyectos en un eventual gobierno, lo que presumiblemente debería funcionar como un incentivo al diálogo y la construcción de consensos, dos cosas por las que el Congreso saliente no ha destacado en estos cuatro años. Al menos inicialmente, el mercado parece estar adoptando este enfoque de los resultados, según actores y analistas consultados por este diario.

De resultar correcta esa interpretación, sería una excelente noticia para el país. El tipo de reformas que necesita Chile deben surgir, para tener posibilidades de éxito y de proyectarse en el tiempo, de acuerdos amplios entre las fuerzas políticas. Por desgracia, se ha cultivado un clima que entiende el consenso como claudicación, lo que implica que la única forma de sacar adelante las propuestas es imponiendo la voluntad de la mayoría, por circunstancial que sea. Construir un camino común de desarrollo -y de convivencia democrática- es inviable desde esa lógica.

El actual Congreso tiene mucho que ver con la polarización de la escena política en los últimos años, y es responsable de una medida importante de la desconfianza ciudadana en las instituciones democráticas que registran las encuestas. El mal uso de instrumentos como la acusación constitucional, o la práctica reiterada de desconocer la iniciativa exclusiva del Presidente de la República en ciertas materias -sumado al respaldo imprudente de iniciativas populistas con fines claramente electorales en otras-, han generado costos para la gobernabilidad y para la economía.

Es de suma importancia que, dentro de cuatro años, la evaluación del Legislativo que asume en marzo próximo pueda ser más positiva.

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