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Editorial

Pensiones (I): Definición correcta

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Imagen foto_00000001l Presidente Piñera ha dado a conocer lo que él mismo llama una “mega-reforma” al sistema de pensiones, que significará un costo fiscal de US$ 3.500 millones adicionales en régimen, equivalentes a un 1,3% del PIB. Se trata, en efecto, de una reforma largamente esperada, pues busca introducir nuevos perfeccionamientos que adapten mejor a un sistema previsional que ya tiene 40 años a las nuevas realidades laborales, sociales y demográficas del siglo XXI.

Por sus profundas implicancias, este el primero de tres editoriales en que Diario Financiero abordará la propuesta previsional del Ejecutivo. Aquí se pone el foco en el sentido general del proyecto, y los siguientes analizarán aspectos puntuales como el financiamiento y la competencia.

El elemento medular de esta reforma es que ratifica sin ambigüedades la apuesta por un sistema de pensiones basado en la capitalización individual, sin atisbo de retorno a un modelo de reparto que, tanto en Chile como en la experiencia comparada, es garantía de desfinanciamiento futuro. Más aun, la propuesta gubernamental contempla mecanismos para que las personas administren el aporte a su pensión con mayores grados de autonomía, así como premios al ahorro individual y al retraso de la jubilación.

Todo esto, junto con respaldar la legitimidad del sistema en su base conceptual, refuerza la idea de que son las personas las primeras llamadas a tomar decisiones sobre cómo se administra el dinero de sus pensiones, no un Estado que se presume con mejores luces para decidir por ellas.

Sin embargo, el anuncio eludió parcialmente un tema fundamental, cual es elevar la edad de retiro para reflejar tanto la mayor esperanza de vida como la consiguiente prolongación de la etapa laboral. 55 países elevaron la edad de jubilación entre 1995 y 2018 precisamente por estas razones, algo que Chile no puede seguir ignorando. Aunque parezca una medida impopular desde el cálculo político de corto plazo —y podría ser derrotada en el debate legislativo—, ejemplos como el de Aula Segura muestran que hay espacio para la sensatez cuando se aboga con fuerza por ella.

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