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Editorial

Que la tolerancia sea realmente “cero”

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l audio de una conversación entre un empresario de La Araucanía y un exdiputado de la UDI —filtrado por Radio Bío Bío— ha permitido conocer una investigación por los posibles delitos de cohecho y tráfico de influencias en la dirección de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de esa región. El caso podría involucrar no sólo al exparlamentario, sino indirectamente también al exsubsecretario del MOP, actual ministro de Economía, quien es mencionado en el audio. Él mismo desmiente cualquier conocimiento del asunto y el gobierno le ha dado su respaldo, pero la sola mención de su nombre le da al caso una prominencia que de otra forma tal vez no hubiese tenido.

Lo cual es muy preocupante, porque a raíz de este hecho se ha revelado que la Fiscalía de La Araucanía investiga otras diez causas en esa misma repartición del MOP. En ellas no figuran, hasta donde se sabe, altas autoridades, pero la enumeración de posibles delitos pinta un panorama de potencial corrupción alarmante: pedir dinero a contratistas para gestionar trámites, no cobro de multas cursadas, reportes falsos, obras contabilizadas pero jamás construidas, contratos cuestionados, fraude al Fisco y otros.

Una situación como ésta debió haber estado antes en conocimiento de la prensa y de la opinión pública, y es lamentable que no haya sido así. Si sólo una parte de estas acusaciones resultara finalmente cierta, hablaría de un grado inaceptable de deshonestidad en un servicio del Estado. Aunque es demasiado pronto para adelantar juicios, es claro que están en juego la credibilidad y el correcto funcionamiento de una institución clave para el desarrollo, como es la construcción de infraestructura de uso público.

Este tipo de casos, quizás tanto como los grandes escándalos, socavan profundamente la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Cuando no son enfrentados con seriedad, aclarados y sancionados, no hay un largo trecho hasta cuestionar el sistema económico y político en su conjunto. Por eso es clave que la “tolerancia cero con la corrupción” no sea una expresión vacía. Aquí hay una ocasión de ponerla a prueba.

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