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Editorial

Relación de empresas y comunidades

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El Consejo Minero, junto al Centro de Políticas Públicas de la UC y Acción Empresas, congregaron hace unos meses a 18 grandes compañías para discutir y generar un diagnóstico común sobre su presencia en distintas zonas del país y, con ello, avanzar en estrategias que permitieran potenciar el impacto positivo en las localidades y en el bienestar de las comunidades involucradas.

Una de las primeras definiciones que resultaron de ese trabajo es que no basta con cumplir con los requerimientos que pueda establecer un permiso ambiental para instalarse y desarrollar una actividad empresarial en un territorio. Otra es que esta labor de relacionamiento con los entornos sociales y físicos es parte del negocio, no “extra” ni voluntario.

El acercamiento de las empresas con las comunidades partió hace ya unas dos décadas, pero no ha sido sino hasta ahora último que el enfoque ha virado hacia una relación menos transaccional y más de acuerdo con los gobiernos locales y las poblaciones organizadas. También, ha tendido hacia la generación de proyectos de más largo plazo.

Un aspecto que se detectó como deficitario fue la escasa colaboración que existe entre las empresas radicadas en territorios. Un trabajo conjunto, o al menos con intercambio de información, podría mejorar significativamente los resultados.

Una planificación de iniciativas proyectadas al largo plazo, con participación directa de las comunidades locales en la definición de las prioridades y que, además, cuente con información e intercambio de experiencias de las compañías en los territorios podría acarrear, adicionalmente, el beneficio de separar los tiempos de estos proyectos con los tiempos políticos y, sobre todo, de campañas.

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