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Editorial

Renuncia a bajar la tasa corporativa

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 Imagen foto_00000003n el discurso del pasado viernes el presidente Sebastián Piñera fue categórico: “He decidido mantener la tasas de impuesto corporativo a las empresas”. Para entender esta frase es necesario repasar los hechos que antecedieron a la cuenta pública y recordar los principios que enfatizó el actual gobierno en campaña.

El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, venía hace semanas tanteando terreno. La respuesta de los parlamentarios de oposición fue cerrada: No aceptarían rebajas de tasas de ningún tipo. Entre los economistas también emergió la duda respecto de cómo se iba a compensar una rebaja de impuestos, en el escenario de estrechez fiscal heredado de Bachelet. A esto se sumaron las voces de algunos empresarios que planteaban que era más urgente simplificar el sistema que rebajar la tasa.

Así el debate, y en pos del realismo político, el Presidente se inclinó hacia la opción de mantener la tasa y concentrar los esfuerzos en simplificar, lo que además conjugaba perfectamente con su llamado a la unidad.

Dicho lo anterior, parece dudoso que haya sido una buena idea renunciar a priori a una parte del programa, especialmente considerando que el gobierno está comenzando su período y las señales sobre sus ideas y principios marcarán los años que vienen. El convencimiento que la mejor política social es empleos de buena calidad supone potenciar la inversión y sumar nuevos proyectos productivos. La baja de impuestos corporativos o al menos agotar los intentos para lograrlo en el debate parlamentario es un refuerzo de esa convicción.

Es de esperar que el proyecto de reforma tributaria, ahora centrada en la simplificación, logre las expectativas de dinamismo esperadas en su génesis.

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