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Editorial

Renuncia del equipo económico

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Tras largas jornadas de expectación y tensión al interior del Ejecutivo gatilladas por la fractura que generó en el gabinete el rechazo al proyecto minero y portuario Dominga, en el día de ayer el ministro de Hacienda y su subsecretario, así como el titular de la cartera de Economía, presentaron sus renuncias al equipo ministerial. La evidente desautorización de la presidenta de la República a dichos funcionarios que habían expresado reparos con lo ocurrido derivó en la insólita situación de un ajuste ministerial clave en momentos en que la agenda legislativa del área está especialmente recargada y a pocas semanas de la primera vuelta presidencial.

El contrapunto de fondo que desató la ruptura final probablemente queda bien resumido con las elocuentes frases pronunciadas por sus protagonistas en distintos momentos. Por un lado, a inicios de esta semana el ahora extitular de Hacienda fue claro en reprochar el difícil ambiente en que estaba trabajando, al señalar que “algunos no tienen el crecimiento entre sus prioridades (...) y eso ciertamente hace más difícil nuestro trabajo”. La frase es especialmente significativa si se la contrasta con la afirmación hecha por la primera mandataria a este medio en abril pasado, cuando sostuvo que “no me interesa para nada un crecimiento económico brutal si no hay mejora en la vida de las personas”. Ayer ha quedado de manifiesto que el crecimiento es una prioridad de segundo orden para esta administración, y que, como se ha visto a lo largo de estos casi cuatro años, está supeditado a objetivos políticos no siempre altruistas y cuya cuenta final será mayormente pagada por los anónimos chilenos que han perdido la oportunidad de mejorar sus vidas en este periodo.

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